La aglomeración cortó un tramo de la acera de Fernando el Católico (a la altura del número 78) y parte de la calzada, y obligó a algunos votantes a aparcar en el carril-bus.
Uno de ellos protagonizó la anécdota de la jornada electoral: Dejó allí el coche con sus dos hijos y, al volver, se habían esfumado. La Policía Local localizó el turismo con los niños: un compatriota se lo había llevado para que la grúa no lo enganchara.
Dentro del colegio electoral, los votantes tenían que sortear a las empresas de envío de dinero que pretendían hacer su agosto y una nueva cola ante la mesa electoral. El sufragio era secreto, aunque, en la práctica, sólo un biombo de cartón lo guarecía de miradas indiscretas. Además, hombres y mujeres votaron separados, «para una mejor organización», según el cónsul, Edwin Martínez. Algunos no pudieron ni depositar la papeleta, denunció Edgar Constante, de la Asociación Rumiñahui, que habló de «falta de transparencia».
La de ayer fue la primera vez en la historia que los emigrantes ecuatorianos podían votar. El derecho a voto lo conquistaron tras empadronarse en el Consulado, trámite que hizo uno de cada cuatro, según el cónsul. El éxito de convocatoria, a su juicio, fue «por ser domingo y por el anhelo participativo».
Algunos votantes sí acudieron con la esperanza de cambiar el gobierno, pero otros, por el papel que acreditaba que habían votado porque escaquearse no comporta multa directa, sino indirecta. El certificado de votación es indispensable para cualquier trámite en Ecuador, y quien no lo tiene, es sancionado. Hoy se sabrá quién ha ganado.
Jorge Toscano. «Me gustaría que el gobierno cambiara, pero en campaña prometen unas cosas y luego no se cumplen. No comprobaremos si lo de la multa por no votar era un bulo hasta que no regresemos a Ecuador».
Manuel Ilvay. «Se ha extraviado alguna lista de personas empadronadas para poder votar y ahora no pueden hacerlo. Conocemos bien a los candidatos porque la prensa, en general, ha dado bastante información».


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