La gallega Ana María Ríos Bemposta, de 26 años, permanece en una cárcel municipal, sin derecho a fianza, por decisión de un juez federal, que consideró «delito grave» el hallazgo de varias balas y un detonador en el interior de su maleta.
La embajadora y el cónsul de España en México seguían ayer defendiendo la inocencia de Ríos Bemposta, quien, a su parecer, fue víctima de una manipulación en el equipaje. «Estamos intentando resolver el tema, pero nos encontramos con un procedimiento abierto que hay que respetar en torno a unos plazos, unas audiencias y una serie de trámites con el máximo respeto a las autoridades mexicanas», dijeron los diplomáticos españoles.
Esta misma tarde, una vez superadas las 72 horas de confinamiento, la defensa de la española podrá entregar pruebas de su inocencia al juez, que volverá a escuchar a la detenida y decidirá si la mantiene o no en prisión.
De luna de miel
Ríos Bemposta carece de antecedentes e iba a regresar el domingo en avión a España desde Cancún, donde estaba de luna de miel, cuando se vio rodeada de policías.
La teoría que barajan los diplomáticos españoles es que la utilizaron las mafias para despistar el paso de droga por el aeropuerto. Da la impresión, dijo el cónsul, de que «esa chica no había visto una bala en su vida».
El secretario general de Relaciones Exteriores de la Xunta, Santiago Gómez Reino, apuntó ayer que el comportamiento de las autoridades mexicanas «se ha vuelto más humano» y han permitido a la madre de la joven dormir con ella. Es precisamente esta mujer, Gloria Bemposta, quien ha tomado las riendas del caso desde que llegó a México, movilizando a la diplomacia, con la firme creencia de que su hija es inocente.
El pueblo de Arcade apoya a Ana
Los vecinos de la pequeña localidad pontevedresa de Arcade no salen de su asombro. Desde que conocieron la noticia del arresto de Ana María no han dudado ni un momento en defender a ultranza su inocencia. «Es una chica muy normal, sencilla y humilde, nunca habría hecho nada así», comentó a 20 minutos Maidelín Medina, empleada de la cervecería a la que la joven peluquera solía acudir con su marido para reunirse con su pandilla. Los clientes del local, familiares y amigos, aunque observan el desarrollo del caso con preocupación, están convencidos de que alguien puso las balas en la maleta de Ana María.


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