Paradójicamente, tuvieron que esperar una media de dos horas y media para ser atendidos porque su médico habitual estaba ausente, en un congreso.
La solución: repartieron a los enfermos entre los demás facultativos, que también debían tratar a otras 20 personas cada uno. Esto provocó un importante retraso en todas las consultas y un gran malestar entre los pacientes cuyo médico sí estaba, porque no querían que se les «colaran».


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