Los procesados se situaron de pie frente a los contrayentes en un lugar próximo al altar y, transcurridos unos minutos, la mujer escupió dos veces en dirección a los novios y los padrinos. Este hecho obligó a la novia a solicitar al sacerdote que parara la ceremonia, lo que hizo que la acusada abandonara la basílica, relata la sentencia.
Sin embargo, su padre permaneció donde estaba "en actitud desafiante", miró hacia su hija y su ex esposa y realizó el gesto "de que les iba a cortar el cuello", tras lo cual abandonó la iglesia y el acto se pudo reanudar.
Al respecto, la sentencia señala que "sabiendo que no eran bien recibidos", lo normal hubiera sido que no acudieran o que o se hubieran colocado en un lugar discreto de la basílica. "Pero no se contentaron con ello y decidieron adoptar un protagonismo que no les correspondía al ubicarse en un lateral del templo, próximo al altar y enfrente de los contrayentes", subraya el tribunal, que añade que no dieron ninguna explicación a lo sucedido "porque saben que fueron ellos los que dieron lugar al altercado".
La Audiencia considera a la acusada responsable de una falta de vejación injusta y a su hermano de una falta de amenazas, por las que, además de sendas multas de 75 euros, deberán indemnizar al matrimonio con 300 euros.




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