Y ello a pesar de que el buzón está situado en el exterior y de que una plancha de hierro impide que los animales puedan asomarse.
La familia comenzó a tener problemas en 2003, cuando encontraron "cartas en la acera, una de ellas abierta".
Por vía judicial
"Pusimos una queja y Correos se disculpó, pero la situación volvió a repetirse, así que en enero de 2004 presentamos otra", cuenta García.
La situación culminó en marzo, cuando Correos les notificó (mediante un aviso que sí depositaron en el buzón) que debían ir a recoger las cartas que habían dejado de recibir en ese tiempo.
El caso acabó en los tribunales, de forma insatisfactoria para los García: "El juez no ve delito porque no hubo mala intención por parte de los carteros". Ahora han recurrido a la Audiencia Provincial: "Pensamos insistir hasta que Correos admita su error y se disculpe".


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