El cineasta Chris Blum fue uno de los encargados de enganchar, con la cinta Big time, a Tom Waits en celuloide. Y en su caso, al margen de las numerosas colaboraciones del artista como intérprete de personajes ungidos por el aceite de la locura, tuvo que filmar el más esquinado de todos los papeles dramatizados por Waits: el del propio Waits.
De hecho, Big time, estrenado en 1988, es un curioso documental, a ratos –bastantes– lleno de comedia negra, que se filmó en estudio, para intentar un control quizá imposible.
* Aula de Cultura CAM, avda. Doctor Gadea, 1, 20.00 h. Gratis.


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