En la vida nunca hay garantías plenas con nada. Tampoco con la salud. Que comer sano es eso, lo más sano y lo más conveniente para estar bien es cierto; pero comer meenos calorías no garantiza una larga vida; no necesariamente. Eso acaban de concluir investigadores del Instituto Nacional del Envejecimiento (NIA), en EE UU.
Estudios anteriores veían en una dieta con menos calorías un modo de alargar la vidaSu estudio con macacos muestra que llevar una dieta hipocalórica no garantiza una mayor esperanza de vida en contra de lo que se pensaba, según los resultados que publica la revista Nature.
Desde 1934, diferentes estudios han ido demostrando que ratas, ratones, moscas de la fruta y gusanos alimentados en laboratorio con un 10 a un 40% menos de calorías que quienes llevan una alimentación libre vivían alrededor de un 30% más. De hecho, en algunas investigaciones, llegaron a vivir el doble de tiempo.
Estos hallazgos han ido generando una creciente comunidad de creyentes que buscan mejorar la salud y vivir más a través de dietas calóricamente restringidas, y llevó a numerosas compañías a desarrollar fármacos que imitaran los efectos de la restricción calórica.
Rompiendo esquemas
Sin embargo, este nuevo estudio rompe esta conexión entre comer sano y la prolongación de la vida. El trabajo reveló que la mayoría de los 57 macacos que consumieron dietas calóricamente restringidas tenían corazones y sistemas inmunes más saludables y menores tasas de diabetes, cáncer y otras enfermedades que los 64 monos que actuaron como grupo de control. Pero en cambio no había ninguna recompensa en su longevidad.
Mejor nivel de colesterol y triglicéridos no se traduce en mejor supervivenciaEn este estudio han observado como los animales más ancianos de cada grupo tenían la misma incidencia de tumores, problemas cardiacos y deterioro general. Mientras que los simios abstemios tenían algunos indicadores de salud mejores, como los niveles de colesterol y triglicéridos, lo que "aún así no se ha traducido en una mejor supervivencia", argumentan los autores.
Ni siquiera los monos que iniciaron la dieta más jóvenes, entre su primer año de vida y los 14 años, mostraron ventaja alguna con respecto al grupo control. De hecho, lo llamativo fue que en estos casos sus indicadores de salud eran incluso peores.
Además, se detectaron más fallecimientos por causas no relacionadas con el envejecimiento en este subgrupo de animales que iniciaron la restricción calórica cuando eran jóvenes.


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