Sin embargo, aún tiene que recuperar el afecto público que le ha sido esquivo desde su boda de cuento de hadas con la difunta Diana de Gales.
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A los ojos del pueblo, ha sido siempre como de palo. Le habla a las plantas, tiene ideas chapadas a la antigua sobre arte y arquitectura. Nunca tendrá el glamour de estrella de cine de Diana de Gales o inspirará la devoción de la que ella disfrutó.
Pero a una edad madura ha conseguido admiración como un príncipe serio que cuenta con el respeto de sus súbditos, aunque no con su amor.
Criado para asumir el trono, Carlos se vio durante años eclipsado por Diana y ridiculizado como pasado de moda.
Sin embargo, gradualmente fue recuperando simpatías tras la muerte de su ex mujer en un accidente de coche en 1997.
Su amante de toda la vida, Camila Parker Bowles, fue introduciéndose en la vida pública hasta lograr una mayor aceptación y Carlos ha aparecido como un padre juicioso por la forma en que ha criado a sus hijos, los príncipes Guillermo y Enrique.
Cuando su adorada abuela, la Reina Madre, falleció en 2002 a los 101 años, un apesadumbrado Carlos se ganó admiradores con su elocuente despedida. Y su labor caritativa, fundamentalmente centrada en dar oportunidades laborales a los jóvenes de áreas pobres, le han ganado respeto.
TRONO LEJANO
El vigésimo primer príncipe de Gales, primer hijo de la reina Isabel, ha entrado en la edad madura con la lejanía del trono.
Su divorcio, en 1996, de Diana le hizo parecer un soberano poco adecuado, y los defensores de la monarquía cuestionaron abiertamente la conveniencia de que fuera coronado rey.
Carlos se quejó de que la monarquía se hubiera convertido en un culebrón y de las carencias espirituales del mundo, haciéndose con una reputación de raro que sería mejor un agricultor de productos biológicos que un príncipe.
Sin embargo, tras esa apariencia hay un hombre serio preocupado por el bien de su pueblo, dicen sus defensores.
'Mi gran problema es que realmente no sé cuál es mi papel en la vida', dijo una vez.
Liberal por naturaleza, 'el príncipe filósofo' ha arrojado la imagen de un hombre desesperado por hacer el bien en el mundo.
'Creo que en mi posición particular no puedo sentarme aquí y no hacer nada', dijo en una entrevista radiofónica en 1987.
A los ojos de muchos, su gran logro fue encontrar a una esposa como la popular Diana, con la que se casó en 1981.
Sin embargo, tras su ruptura, surgieron las informaciones respecto a que la unión había sido un desastre desde el principio y que Carlos había seguido compaginando a Diana con Camilla.
La fuerza de su unión con Camila se vio mejor que nunca en 1993, cuando se aireó una lujuriosa conversación entre ambos en la que él decía que esperaba reencarnarse en su tampón.


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