Particularmente significativo es el caso de los compatriotas de Juan Pablo II, los cientos de miles de peregrinos polacos que han tenido un protagonismo especial en estas jornadas, muy en particular en la de ayer, jueves, cuando afluyeron en masa a Roma, y hoy, viernes, cuando elevaron sus banderas para saludar el féretro del Papa al comienzo y al final del funeral por su alma.

A los peregrinos les queda ahora el camino de vuelta a casa. Detrás quedan cinco jornadas con horas y horas de espera para poder ver la capilla ardiente; de aguantar el calor durante el día o el frío de la noche; de tener que soportar mareos y lipotimias.
Un mensaje parece haber calado hondo en el ánimo de los peregrinos: "Santo ya", como se pudo leer en varias pancartas diseminadas en los diversos lugares de Roma desde donde se podía seguir a través de pantallas gigantes de televisión la solemne ceremonia fúnebre que tenía lugar en la Plaza de San Pedro. "Santo ya", dicen ahora los fieles, en un sentimiento que está cobrando adeptos a marchas forzadas, si bien, por el momento es sólo la expresión de un deseo.

Pese a que las autoridades italianas ya han dispuesto todo para canalizar lo más rápidamente posible el flujo de salida de los peregrinos, algunos elementos de emergencia van a mantenerse durante algunos días más en previsión de incidencias de última hora.
Entre esos elementos se encuentra un hospital de campaña instalado en las inmediaciones de la Plaza de San Pedro, en tanto que esta noche permanecerá abierto el recinto de la Feria de Roma (en la periferia de la capital italiana) que ha acogido a muchos peregrinos que han acudido a la ciudad para rendir homenaje al difunto Pontífice.
Agradecimiento de la Santa Sede
Las autoridades italianas ya han expresado su satisfacción por el buen desarrollo de todo el dispositivo de seguridad y emergencia montado para atender un acontecimiento como el de las exequias de Juan Pablo II, que puede que haya sido el suceso más importante acaecido en Italia en toda su historia.
Gracias a la ciudad de Roma por el esfuerzo y la eficacia en la acogida a los millones de peregrinos venidos para rendir el último saludo a Juan Pablo II
Mientras, el féretro con los restos mortales de Juan Pablo II ya reposa en una tumba de las Grutas Vaticanas, entre dos reinas, Cristina de Suecia y Carlota de Chipre, enterradas a pocos metros donde hoy fue sepultado el Pontífice polaco.


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