Napolitano, en una carta a un hombre paralítico y enfermo terminal cuyo caso ha conmovido el país, invitó a una 'reflexión calmada' sobre su petición para que se le deje morir con dignidad.
Piergiorgio Welby, que sufre una distrofia muscular avanzada, ha aparecido en programas de noticias confinado en su cama, conectado a tubos y hablando a través de un ordenador que interpreta el movimiento de sus ojos.
Napolitano, un antiguo comunista que fue elegido el pasado mayo, envió una carta a Welby el fin de semana diciendo que estaba 'conmovido como persona y como presidente'.
'Acepto tu mensaje de sufrimiento trágico con una comprensión sincera y con solidaridad', escribió Napolitano, diciendo que (su caso) debería conducir a un 'debate sensible y minucioso'.
'La único posición injustificable sería el silencio', escribió el presidente.
La eutanasia es ilegal en Italia y los médicos que la practiquen se pueden enfrentar a penas de prisión de hasta 15 años.
La Iglesia Católica prohíbe la eutanasia, y enseña que la vida comienza en el momento de la concepción y acaba en el momento de la muerte natural.
Sin embargo, el catecismo de la iglesia dice que los procedimientos médicos que son 'gravosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados para los resultados esperados' pueden ser suspendidos con el permiso del paciente o la familia.
Los defensores de la eutanasia aclamaron a Napolitano.
'Creo que negar la eutanasia a una persona que la está pidiendo y está completamente lúcida es pura y simplemente una tortura', dijo Umberto Veronesi, médico y antiguo ministro de Sanidad, al diario La Repubblica.
Sin embargo, mientras miembros de los partidos de izquierda decían que apoyaría alguna forma de legislación sobre la eutanasia, los partidos católicos o del centro-derecha expresaron firmemente su oposición.
'La eutanasia no es y nunca puede ser considerado un derecho civil porque negar a un ser humano su propia vida es una forma de violencia', dijo Roberto Calderoli, un senador del conservador Partido de la Liga Norte.
Sólo Suiza, Holanda, Bélgica y el estado norteamericano de Oregón permite el suicidio asistido para los enfermos terminales, aunque hay un debate en marcha en muchos países sobre si debería legalizarse su práctica.
Los detractores a menudo alegan que legalizar el suicidio en los enfermos terminales supondría presionarles para que pongan fin a sus vidas.
/Por Philip Pullella/


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