Unas 40.000 personas se congregaron a la Plaza del Parlamento de la capital el sábado tras una semana de manifestaciones pidiendo la dimisión del millonario primer ministro socialista.
'Nuestras protestas no cesarán hasta que no dimita el Gobierno', dijo Tomas Molnar, uno de los organizadores de las protestas. 'Queremos derribar al actual Gobierno poscomunista.
A pesar de la multitud congregada y al temor de que extremistas de ultraderecha fueran a aparecer, no se registraron nuevamente los episodios de violencia que ensombrecieron los mítines anteriores, ante la atenta vigilancia de la policía antidisturbios.
'La multitud del sábado seguramente dará fuerzas a la gente. Puede que se tarde semanas, pero dimitirá', dijo Agnes, una empleada financiera presente en la manifestación.
Miles de simpatizantes de Fidesz, el principal partido de oposición que canceló su propio mitin por temor a actos de violencia, se encontraban entre las personas que se reunieron en la plaza.
El ex presidente del Fidesz Pal Schmitt solicitó a la multitud que vistiera ropas y brazaletes blancos para demostrar su rechazo a la violencia y cerca de la mitad de los manifestantes siguió su petición.
SE ESPERA QUE SIGA
Sin embargo los analistas han dicho que es probable que Gyurcsany sobreviva a su mayor crisis en los dos años que lleva al frente del país, y que el Gobierno mantendrá las reformas presupuestarias que han obtenido el visto bueno de la Comisión Europea.
La revuelta coincide con la conmoción política en Polonia y el fracaso de la República Checa en su intento de formar gobierno tres meses después desde las elecciones, lo que ha incrementado las preocupaciones de los inversores sobre la posible inestabilidad en Europa central.
Las manifestaciones también han intensificado la división entre la izquierda gobernante y la oposición derechista, que se acusan mutuamente de fomentar la violencia para ganar terreno antes de las elecciones locales previstas para el 1 de octubre.
La violencia estalló cuando Gyurcsany fue pillado en una cinta filtrada esta semana a los medios húngaros diciendo a su partido que mintió repetidamente para lograr la reelección en abril.
El primer ministro ha dicho que se mantendrá en el poder y se ha comprometido a implementar una subida de impuestos y recortes en los gastos que han provocado el declive de la popularidad de su gobierno del 40 por ciento que registró en las elecciones de abril a un 25 por ciento, según sondeos recientes.
'Yo seguiré adelante, porque todavía tengo mucho que hacer aquí', declaró a la revista alemana Focus en una entrevista publicada el sábado.
Además tiene el apoyo de su partido para aplicar los recortes, que esperan controlar un déficit presupuestario que ha llegado al 10,1 por ciento del Producto Interior Bruto, el más alto entre los socios de la Unión Europea.
/Por Sandor Peto/.*.


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