Es el miedo a estar en determinados lugares, desde salir a la calle a coger el autobús o estar solo en casa. Los afectados intentan evitarlo para no sufrir crisis de pánico.
¿Cómo son estas crisis?
Se experimentan síntomas físicos y psicológicos muy variados. Náuseas, falta de aire, aparente infarto, y la consiguiente sensación de muerte inminente, miedo a volverse loco... Hay gente que sufre estas crisis sin ser agorafóbicos, sin nada aparente que lo desencadene.
¿Usted lo sufrió?
Sí, entre los 29 y los 34 años. Mi primera crisis surgió sin más cuando tomaba algo en un bar. Esto supone un gran problema para el día a día... Claro, hay gente que tiene que dejar el trabajo porque no pueden ir y no les dan la baja, ya que el problema no se reconoce como limitación.
¿Tiene solución?
Sí. A mí me dijeron que no me recuperaría, pero lo hice, con psicoterapia y mucho apoyo. Es un camino muy largo y se pasa mal, pero se sale.
¿Qué hacen en su asociación?
Tenemos un servicio personal (c/Colón, 6) y telefónico (976 259 807) para afectados y familiares. Les informamos, los escuchamos e intentamos que no se sientan bichos raros. Tenemos autoayuda en grupo y terapia. El día 30 tendremos un coloquio abierto en el centro cívico Universidad (18.00 horas).
¿Son muchos?
Entre el 1,5 y el 3,5% de la población sufre estos problemas, pero en la asociación no llegamos a la veintena porque es una afección muy difícil de detectar y de asumir.
Bio
Isabel Fraile tiene 37 años y pertenece al colectivo Capaz. Sufrió crisis de pánico durante cinco años.


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