Los médicos hallaron que un 40% de los pacientes que se habían inyectado Botox expresaban un deseo compulsivo de someterse a más tratamientos.
En 2005, en Reino Unido hubo un incremento del 50% en la cantidad de gente que se sometió al tratamiento respecto al año anterior.
Según la empresa de estudios de mercado Mintel, cada año se hacen en Gran Bretaña más de 100.000 tratamientos de Botox.
Investigaron en 81 clínicas, y compararon a los que se pusieron Botox con aquellos que emplearon otros métodos, menos invasivos.
Más de la mitad de los usuarios de Botox dijeron carecer de un control sobre el envejecimiento natural.
Cerca de la mitad también se manifesto enfadada con quienes critican el uso de esta sustancia.
Más de la mitad de lo que se pusieron Botox dicen sentirse más jóvenes, y no sólo lucir.
El Botox es relativamente seguro, pero tiene cualidades potencialmente adictivas.
El mejoramiento de la imagen de la persona lleva a que se eleve su autoestima, por lo que es muy fácil que se desarrolle una adicción al producto.
Botox es una modalidad altamente purificada y muy diluida de la bacteria del botulismo, que bloquea la transmisión de acetilcolina de los nervios a los músculos.
La acetilcolina es un neurotransmisor que envía un mensaje a los músculos para que se contraigan o se tensen.
Así, con el flujo de acetilcolina bloqueado o muy reducido, el músculo no se retrae, y las zonas con arrugas lucen suaves.
El efecto dura seis meses.
De hecho, la gente necesita seguir inyectándose si no quieren que se les pase.


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