De la capacidad de reinvención del primero, artista para los propios artistas, a la afilada pluma del segundo. De la tradición y vanguardia musical de Bunbury a la fluidez del folk anglosajón de Vegas.
2
Fotos
Enrique Bunbury
"¿Qué quieres tomar?, ¿quieres que nos pongamos a la sombra para hacer la entrevista?", dice.
El último sol de verano pega fuerte y parece que el zaragozano está contento.
Les han definido como "la extraña pareja".
Y como "vaya par de dos". Pero no lo es tanto. Los dos tenemos cierta querencia por el lado oscuro de la canción popular. Y nuestros textos siempre han resultado fáciles para cualquier público.
¿Cómo surgió el proyecto?
Cuando Nacho estaba en Manta Ray y yo en Radikal Sonora, hicimos una gira juntos. Durante ese tiempo, nos intercambiamos los cargadores de CD, enteros, de furgoneta a furgoneta. Siempre hablamos mucho de música.
BIO Nació en Zaragoza hace 39 años y fue el líder de Héroes del Silencio. Tras su disolución, hace una década, inició su etapa en solitario apostando por arriesgados proyectos como Radikal Sonora, Bushido y Freak Show.
¿Por qué El tiempo de las cerezas?
Insistió Nacho. Es una reflexión sobre la propia profesión. Por qué escribes una canción o por qué dejarías de hacerlo. Ese tiempo maravilloso en el que te sientes inspirado y que tiene su fin. Hablamos, de los problemas del escritor enfrentándose al papel en blanco.
¿Qué le atrajo de Nacho?
Me sorprendió lo fácil que es trabajar con él. Tiene fama de... No sé. Quizá por el mundo al que pertenece, ese que la prensa separa tanto del resto de los mortales: los indies. Descubrí que él no se siente de ningún gueto, tiene unos gustos musicales mucho más amplios. No tiene intención alguna de pasar a la historia como un artista maldito.
¿Se ha juntado el artista comercial con el indie?
La conclusión es que al final tal vez yo sea más indie de lo que parece y Nacho, más popular de lo que aparenta. Ninguno de los dos nos sentimos etiquetados.
¿Han tenido libertad de trabajo?
Como decía Buñuel, "yo siempre he querido que mis productores saquen dinero".
¿Qué ha aprendido de Nacho?
Me gusta cómo estructura las canciones, las condiciona mucho al texto. Y no lo hace para hacerle las cosas fáciles al oyente. Llega un momento en el que lleva siete minutos de grabación y le tienes que decir: "¡Ve cortando!" (risas).
Nacho se emociona...
Nunca hace que sea monótono. Y luego me ha presentado a un tipo al que adoro: Paco Loco –productor del disco y un clásico de la música independiente–. Me he comprado una casa justo a su lado y ahora soy su vecino.
¿Cuál ha sido la cosa más loca del CD?
El propio Paco Loco.
La última pregunta es de Nacho: ¿Por qué dejaste de usar la cinta del pelo que llevabas con Héroes del Silencio?
Una vez, un camarero me dijo: ¡Te he reconocido y eso que no llevas el pañuelo! Ahí me lo planteé (risas).
Nacho Vegas
"Perdona, tío", se excusa amable y apurado. Ha perdido el primer tren que debía traerlo de Gijón a Madrid para empezar la promoción del disco y llega tarde a la entrevista.
Carlos Ann estaba en el proyecto, ¿por qué se fue?
Cuando se estaba mezclando el disco de Freak Show, nos pinchó para que nos juntáramos en un nuevo proyecto, en el que también estaría Adrià Puntí. Y en un momento dado nos dimos cuenta de que queríamos cosas diferentes. Fue ahí cuando nos separamos.
BIO Nació en Gijón hace 32 años y fue miembro fundador de Manta Ray, grupo que abandonó para iniciar su carrera en solitario. Es uno de los estandartes del panorama indie. Desaparezca aquí ha sido su último trabajo.
¿Qué le atrajo de Bunbury?
Es arriesgado, hace lo que le da gana. Desde embarcarse en una gira como la de Freak Show hasta sacar discos dobles, no hacer concesiones, ser un culo de mal asiento… Es un tipo inquieto. Y eso creo que hizo que tuviéramos algo en común, por encima de las etiquetas.
¿Ha notado diferencias al grabar con una multinacional?
Más comodidad, porque con las discográficas independientes siempre vas más pillado de tiempo. Pero también hemos trabajado con gente que entendía bastante bien el proyecto. No he sentido ese rollo burócrata de las multis.
¿Marcaban mucho los horarios de trabajo?
Cuando grabo un disco, suelo ser bastante serio, aunque alguna vez se me ha ido la pinza (risas).
Cuente, cuente.
Recuerdo que cuando grabé mi segundo disco, un día vino Jota, de Los Planetas, y le sorprendió que nos quedásemos una noche de juerga y a la mañana siguiente yo me levantase a las ocho para cantar. Él decía que jamás lo haría. Y es verdad, ¡él jamás lo haría! (risas).
¿Qué lectura saca ahora de El tiempo de las cerezas?
Cuando lo escucho, noto que tiene un sonido particular y diferente a si yo hubiera grabado un disco mío propio. Mis canciones están un poco empapadas de esa forma de hacer de Enrique. Creo que en sus temas se nota una parte mía.
¿La anécdota más loca de la grabación?
Tengo la imagen de Paco Loco frotando sus genitales contra la pecera, para asombro de Ramón, el batería (risas). ¡Fue bastante grotesco! Y a Paco haciendo versiones rap de las canciones. Es muy divertido trabajar con él. Es una persona muy seria, que tiene una visión de las canciones muy particular y que está atenta a todo, pero luego no se toma en serio nada.
La última es una pregunta que le ha dejado Bunbury: ¿Por qué pierdes siempre los trenes?
¡Toda una vida perdiendo trenes! También pierdo muchos aviones; en la gira de Freak Show eran seis fechas y perdí tres aviones, todo un récord (risas).


Bruselas urge a España a presentar el plan de recapitalización de Bankia
Sáenz de Santamaría viaja a EE UU para recabar apoyos del Tesoro y del FMI
El PP confía en sumar al PSOE en la convalidación de la reforma financiera en el Congreso
España, Holanda y Alemania, las favoritas para ganar la Eurocopa
Retratos de familia que ahondan en los rasgos comunes no genéticos
Enviados a prisión dos de los detenidos por los incidentes de Barcelona en la huelga general
Primavera Sound, escaparate independiente



¡Sé el primero en hacerlo!