El testamento del Papa se ha hecho hoy público. En él se revela que pensó renunciar al papado tras el jubileo y que no descartó celebrar su funeral en Polonia. Como última voluntad pide que se quemen todos sus apuntes privados.
EFE. 08.04.2005 - 13.02 h
PRIMERA PARTE
Totus Tuus ego sum
En el Nombre de la Santísima Trinidad. Amén.
"Velad porque no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor"
(cf.Mt 24, 42), estas palabras me recuerdan la última llamada, que
vendrá en el momento que quiera el Señor. Quiero seguirle y deseo que
todo lo que forma parte de mi vida terrenal me prepare a ese momento.
No sé cuando llegará, pero como todo, también deposito ese momento en
las manos de la Madre de mi Maestro: Totus Tuus. En sus manos maternas
lo dejo todo y a todos aquellos con quienes me ha ligado mi vida y mi
vocación. En esas manos dejo sobre todo a la Iglesia y también a mi
nación y a toda la humanidad. A todos doy las gracias. A todos pido
perdón. Pido también oraciones para que la misericordia de Dios se
muestre más grande que mi debilidad y mi indignidad.
Durante los ejercicios espirituales he releído el testamento del Santo
Padre Pablo VI. Su lectura me ha llevado a escribir el presente
testamento.
No dejo tras de mí propiedad alguna de la que sea necesario disponer.
En cuanto a las cosas de uso cotidiano que me servían, pido que se
distribuyan como se considere oportuno.
Que se quemen mis apuntes personales.
Pido que se encargue de todo esto don Estanislao a quien doy las
gracias por la colaboración y la ayuda tan prolongadas en estos años y
tan grande. Todos los demás agradecimientos, en cambio, los dejo en el
corazón ante Dios mismo, porque es difícil expresarlos.
Por lo que se refiere al funeral, repito las mismas disposiciones que dio el Santo Padre Pablo VI (nota al margen:
la sepultura en la tierra, no en un sarcófago, 13.3.92)
"apud Dominum misericordia
et copiosa apud Eum redemptio"
Juan Pablo II
Roma, 6. III. 1979
SEGUNDA PARTE
Después de la muerte pido Santas Misas y oraciones
5.III.90
TERCERA PARTE
Folio sin fecha:
Expreso mi mas profunda confianza en que, a pesar de toda mi debilidad,
el Señor me conceda todas las gracias necesarias para hacer frente
según Su voluntad a cualquier tarea, prueba o sufrimiento que quiera
pedir a su siervo en el curso de la vida. También tengo confianza en
que no permitirá jamás que, mediante cualquier actitud mía: palabras,
obras u omisiones, traicione mis obligaciones en esta santa Sede
Petrina.
CUARTA PARTE
24.II-1.III.1980
También durante estos ejercicios espirituales he reflexionado sobre la
verdad del sacerdocio de Cristo en la perspectiva de aquel tránsito que
para cada uno de nosotros es el momento de la propia muerte. Del adiós
a este mundo - para nacer a otro, al mundo futuro, signo elocuente (y
añade encima la palabra: decisivo) es para nosotros la Resurrección de
Cristo.
He leído por tanto la escritura de mi testamento del último año,
efectuada también durante los ejercicios espirituales, la he comparado
con el testamento de mi gran predecesor y padre Pablo VI, con ese
testimonio sublime sobre la muerte de un cristiano y de un Papa y he
renovado en mí la conciencia de las cuestiones a las que se refiere el
registro del 6.III.1979 que yo había preparado ( de forma bastante
provisional).
Hoy quiero añadirle solamente esto, que cada uno debe tener presente la
perspectiva de la propia muerte. Y debe estar preparado para
presentarse frente al Señor y al Juez y al mismo tiempo frente al
Redentor y al Padre. Así, yo también lo tengo continuamente en
consideración, confiando ese momento decisivo a la Madre de Cristo y de
la Iglesia, a la Madre de mi esperanza.
Los tiempos que vivimos, son indeciblemente difíciles e inquietos.
También el camino de la Iglesia se ha vuelto difícil y tenso, tanto
para los fieles como para los pastores, prueba característica de estos
tiempos. En algunos países (como por ejemplo en aquel del cual he
leído en los ejercicios espirituales), la Iglesia se encuentra en un
período de persecución tal que no es inferior al de los primeros
siglos, al contrario, incluso los supera por el grado de crueldad y de
odio. Sanguis martyrum - semen christianorum. Y además esto: tantas
personas inocentes desaparecen también en este país en que vivimos...
Deseo una vez más confiarme totalmente a la gracia del Señor. El mismo
decidirá cuando y cómo tengo que terminar mi vida terrenal y mi
ministerio pastoral. En la vida y en la muerte Totus Tuus mediante la
Inmaculada. Aceptando ya desde ahora esta muerte, espero que Cristo me
conceda la gracia para el último pasaje, es decir la Pascua, (mía).
También espero que haga que sea útil para esta causa tan importante a
la que intento servir: la salvación de la humanidad, la salvaguardia de
la familia humana, y con ella de todas las naciones y todos los pueblos
(entre ellos también me dirijo de forma particular a mi Patria
terrena), útil para las personas que de modo particular me ha confiado,
para la cuestión de la Iglesia, para la gloria de Dios.
No quiero añadir nada a lo que escribí hace un año, solamente
manifestar esta prontitud y al mismo tiempo esta confianza a las que de
nuevo me han dispuesto los ejercicios espirituales.
QUINTA PARTE
Juan Pablo II
Totus Tuus ego sum
5.III.1982
En el curso de los ejercicios espirituales de este año he leído (varias
veces) el texto del testamento del 6.III.1979. A pesar de que todavía
lo considero provisional (no definitivo) lo dejo en la forma en que
existe. No cambio (por ahora) nada, y tampoco lo agrego, por cuanto se
refiere a las disposiciones que contiene.
El atentado a mi vida el 13.V.1981 confirmó,
de alguna forma la exactitud de las palabras escritas en el período de
los ejercicios espirituales de 1980 ( 24.II- 1.III).
Cuanto más profundamente siento que me encuentro totalmente en las
Manos de Dios - y permanezco continuamente a disposición de mi Señor,
confiándome a El en su Madre Inmaculada (Totus Tuus). Juan Pablo II pp. II
SEXTA PARTE
Por cuanto se refiere a la última frase de mi testamento del
6.III.79 (: "
Sobre el lugar/ es decir el lugar del funeral/ decida el colegio cardenalicio y los compatriotas") aclaro que pienso en: el metropolitano de
Cracovia o el Consejo General del Episcopado de
Polonia.
Pido por tanto al Colegio Cardenalicio que satisfaga en la medida de lo
posible las eventuales peticiones de los más arriba citados.
SÉPTIMA PARTE
1.III.1985 (en el curso de los ejercicios espirituales).
De nuevo - por cuanto respecta a la expresión "Colegio Cardenalicio y
los Compatriotas"-: el "Colegio Cardenalicio" no tiene ninguna
obligación de interpelar sobre este argumento a " los Compatriotas":
sin embargo, puede hacerlo, si por alguna razón lo considerase justo.
OCTAVA PARTE
JPII
Los ejercicios espirituales del año jubilar del 2000
(12-18.III)
(para el testamento)
1. Cuando el día 16 de febrero de 1978 el cónclave de los cardenales
eligió a Juan Pablo II el primado de Polonia, cardenal Stefan Wyszynsk,
me dijo: "La tarea del nuevo Papa será introducir a la Iglesia en el
Tercer Milenio". No sé si repito exactamente la frase, pero al menos
éste era el sentido de lo que sentí entonces. Lo dijo el hombre que ha
pasado a la historia como primado del Milenio. Un gran primado. He sido
testigo de su misión, de su entrega total. De sus luchas: de su
victoria. "La victoria, cuando llegue, será una victoria a través de
María". Estas palabras de su predecesor, el cardenal August Hlond, las
solía repetir el primado del Milenio. De este modo, me he preparado
para la tarea que el día 16 de octubre de 1978 se presentó ante mí. En
el momento en que escribo estas palabras, el Año Jubilar del 2000 ya es
una realidad. La noche del 24 de diciembre de 1999 se abrió la
simbólica Puerta del Gran Jubileo en la basílica de San Pedro, después
la de San Juan de Letrán, la de Santa María Mayor, el primer día del
año y el día 19 de enero la puerta de la basílica de San Pablo
Extramuros. Este último acto, dado su carácter ecuménico, se ha quedado
grabado en mi memoria de modo particular.
2. A medida que pasa el Año Jubilar del 2000, un día tras otro, se
cierra detrás de nosotros el siglo XX y se abre el siglo XXI. Según los
designios de la Providencia se me ha concedido vivir en el difícil
siglo que se está acabando, que empieza a pertenecer al pasado y ahora,
en el año en que la edad de mi vida alcanza los 80 años ('octogesima
adveniens'), es necesario preguntarse si no es tiempo de repetir con el
bíblico Simeón: 'Nunc dimittis'. El día 13 de mayo de 1981, el día del
atentado al Papa durante la audiencia general en la Plaza de San Pedro,
la Divina Providencia me saló milagrosamente de la muerte. Aquel que es
único Señor de la vida y de la muerte, El mismo me ha prolongado esta
vida, en un cierto modo me la ha vuelto a dar. Desde aquel momento
pertenece aún más a El. Espero que El me ayudará a reconocer hasta
cuando debo continuar este servicio, al que me llamó el día 16 de
octubre de 1978. Le pido que me llame cuando quiera. 'Pues si vivimos,
vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor' (cf. Rm 14,
8).
Espero
que hasta que pueda realizar el servicio petrino en la Iglesia, la
Misericordia de Dios me preste las fuerzas necesarias para ello.
3. Como todos los años, durante los ejercicios espirituales he leído mi
testamento del 6.III.1979. Sigo manteniendo las disposiciones
contenidas en él. Lo que entonces y durante los sucesivos ejercicios
espirituales se ha añadido es un reflejo de la difícil y tensa
situación general, que ha marcado los años ochenta. Desde el otoño del
año 1989 esta situación ha cambiado. El último decenio del siglo pasado
ha estado libre de las tensiones anteriores ; esto no significa que no
hayan surgido nuevos problemas y dificultades. De modo particular, sea
alabada la Divina Providencia por ello,
el
período de la llamada 'guerra fría' terminó sin el violento conflicto
nuclear que pesaba sobre el mundo en el período precedente.
4. Al encontrarme en el umbral del tercer milenio "in medio Ecclesiae",
deseo expresar una vez más gratitud al Espíritu Santo por el gran don
del Concilio Vaticano II, - del que junto a la Iglesia entera y todo el
episcopado- me siento deudor. Estoy convencido de que las nuevas
generaciones podrán servirse todavía durante mucho tiempo de las
riquezas proporcionadas por este Concilio del siglo XX. Como obispo que
ha participado en el evento conciliar desde el primer al último día,
deseo confiar este gran patrimonio a todos aquellos que son y serán
llamados a ponerlo en práctica en el futuro. Por mi parte, doy las
gracias al Pastor eterno que me ha permitido servir a esta grandísima
causa en el curso de todos los años de mi pontificado. "In medio
Ecclesiae"... desde los primeros años de servicio episcopal
-precisamente gracias al Concilio -he podido experimentar la comunión
fraterna del episcopado. Como sacerdote de la archidiócesis de Cracovia
ya sabía que es la comunión fraternal el presbiterio- el Concilio abrió
una nueva dimensión de esta experiencia".
5. `Cuántas personas tendría que nombrar aquí! Probablemente el Señor
Dios habrá llamado a Su seno a la mayoría de ellos. Por lo que se
refiere a los que todavía se encuentran en esta parte, que las palabras
de este testamento les recuerden, a todos y en todas partes, allí,
donde se encuentren. En el curso de más de veinte años desde cuando
presto el servicio Petrino "in medio Ecclesiae" he experimentado la
benévola y muy fecunda colaboración de tantos cardenales, arzobispos y
obispos, de tantos sacerdotes y personas consagradas -hermanos y
hermanas-, en fin, de tantísimas personas laicas, en el ambiente
curial, en el Vicariato de la diócesis de Roma, y también fuera de
estos ambientes. `Cómo no abrazar con grata memoria a todos los
episcopados del mundo, con los cuales me he encontrado a lo largo de
las visitas "ad limina Apostolorum"! `Cómo no recordar también a tantos
hermanos cristianos no católicos! !Y al rabino de Roma y a tantos
numerosos representantes de las religiones no cristianas! !Y cuántos
representantes del mundo de la cultura, de la ciencia, de la política,
de los medios de comunicación social! 6. A medida que se avecina el
límite de mi vida terrenal vuelvo con la memoria al principio, a mis
padres, al hermano y la hermana (que no conocí porque murió antes de
que yo naciese), a la parroquia de Wadowice donde fui bautizado, a esa
ciudad que amo, a mis coetáneos, compañeras y compañeros de la escuela
primaria, del bachillerato, de la universidad, hasta los tiempos de la
ocupación, cuando trabajé como obrero y después en la parroquia de
Niegowic, en la cracoviana de San Floriano, en la pastoral de los
universitarios, en aquel ambiente .... en todos los ambientes ... en
Cracovia y en Roma ... en las personas que de forma especial el Señor
me ha confiado. Quiero decir a todos sólo una cosa: "Que Dios os
recompense". "In manus Tuas, Domine, commendo spiritum meum"
A.D.
17.III.2000.
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