Han viajado en el vagón de un tren de minerales; han sufrido una tormenta de arena en el desierto y han visitado la cuna de los cayucos.
"Cuando ves lo que vive la gente, entiendes que quieran irse, lo que hay que hacer es mejorar sus condiciones para que no deseen huir", decía ayer uno de los chicos.
Lo que más les ha impresionado a algunos han sido las caras de los pequeños marroquíes. Niños con los ojos perdidos, aferrados a una botella de pegamento.
"Se querían meter en los bajos de los coches para ir a España", cuenta Ana, de 17 años.
Entre los adolescentes de Madrid rumbo al sur hay todo tipo de ideologías, creencias y posturas ante temas como la religión, la política y la inmigración, los asuntos que más han debatido durante el viaje. "África tiene solución, lo que pasa es que no interesa", dice Arturo Sánchez, de 17 años. "Tenemos que dejar de explotarlos", añade.
Cambiar el país de origen
Otro de los jóvenes, Nacho, cree que la llegada de cayucos a España sólo se solucionará cuando cambie la situación en los países de origen. Laura opina que en condiciones menos indignas los africanos no intentarían huir.
En condiciones menos indignas los africanos no intentarían huir
La expedición llegó ayer al centro de procesamiento de pescado de Nguet Dar (Senegal). Mientras caminaban por la playa, un grupo de chicos hacían balance: "En Marruecos, la visita era muy oficial, pero en Mauritania había sitios desesperantes. Es que la gente ni siquiera tiene tierra fértil", decía un chaval.
Muchos repetirían, pero no ha faltado quien le ponga pegas a la organización. "Creo que hemos tratado a las personas como meros objetos para hacer la foto y quedar bien. Ha sido más apariencia y teatro", opina Laura Sánchez.
Enfermedades de la piel y diarreas
El río Senegal lo es todo para los habitantes de Nguet Dar, en Sant Louis. Por allí entra la pesca, ahí se lava la ropa, se hacen las necesidades y se tira la basura del barrio. Con esa misma agua se cuece la pesca y se transforma en carne seca.
El resultado son enfermedades crónicas de la piel y diarrea. En el centro de transformación del pescado financiado por la Comunidad trabajarán 273 mujeres en mejores condiciones. La idea es convertir el lugar en una lonja desde la que enviar pescado al interior y a países vecinos.
Con sus propios ojos
Belén García Zaragoza, 16 años. 1º de bachillerato. «Aquí, la gente se ve más feliz, con menos necesidades materiales. Pero es agobiante ver en Marruecos a los ninos esnifando pegamento».
Ignacio Bernad, 17 años. 2º de bachillerato. «Los jóvenes no son tan diferentes a nosotros. En Mauritania, nos contaron que ya no creen tanto en las tradiciones. Allí
está mal visto irse. Los que emigran son de Senegal».


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