Luis García creía que le estaban gastando una broma cuando, en pleno transbordo de aviones en Barajas, dos azafatas de Iberia le anunciaron el extravío de su mascota.
"Riéndose, me dijeron que mi perra, Lola, se había perdido", cuenta desde Pontevedra. "No las creí hasta que me dijeron que tenía dos opciones: una, volar, y la otra, buscar yo a mi perro".
García, un estudiante de peluquería de 17 años, viajaba el lunes de Alicante a Vigo, con escala en Madrid. Lo acompañaba, en la bodega, su cocker de año y medio blanco y marrón, Lola. "La caja en la que viajaba tenía el asa rota y lo avisé. Pero no me hicieron caso, se les debió de caer y se abrió", cuenta.
Huyó hacia unos pinares
El dueño de Lola está indignado con el trato que recibió de la compañía. «No pudieron tratarme peor. Me dijeron que me iban a poner un conductor para ir a buscarla por el aeropuerto, pero sólo me dieron una vuelta de 15 minutos en la que no dio tiempo a nada», explica.
García vagó entonces de mostrador en mostrador pidiendo responsabilidades y ayuda durante todo el día. Lo único que consiguió averiguar es que por Lola tuvieron que desviar un avión en pleno aterrizaje y que la perra salió corriendo hacia unos pinares de la zona industrial de Barajas.
A Luis ahora cada rincón de su piso en Pontevedra le recuerda a Lola, a la que compró cuando tenía un mes. "Siempre quise tener una perra, la vi y me conmovió", dice. Hoy se viene a Madrid a seguir buscándola, pero dice que viajará en tren.


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