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Fotos
Mary Ellen Johnson (Nueva Jersey - EE UU, 1967) elabora óleos hiperrealistas de gran formato con postres y otros platos apetitosos pintados de una forma monumental y extravagante. "No son sólo grandes pinturas de comida, sino retratos de una decadencia pantagruélica", dice.
La artista reflexiona sobre las capacidades persuasivas del dulce más irresistible, la alegría de alimentarse y el riesgo de no saber negarse a la tentación. Confiesa tener "una relación de amor-odio" con la comida: "He luchado contra los kilos desde niña y sufrí acosos y burlas sobre mi peso. Sin embargo, soy una amante de la comida y me interesa el significado cultural de los alimentos en diferentes culturas".
La tarta de queso con arándanos que sueltan un color granate por los laterales de la porción, el bollo alargado cubierto de chocolate y relleno de crema pastelera, una pila de tortitas regadas con sirope de arce y coronadas con un cubo de mantequilla que se derrite poco a poco... Las cualidades plásticas de los postres le hicieron descubrir "una vía poderosa de comunicación, un manera visceral de conectar con el espectador".
Hacer sonar estómagos
Lo que empezó como una serie de obras pequeñas para ejercitar sus destrezas, poco tiempo después hacía sonar estómagos. "Muchos ven mis pinturas como sensuales, otros experimentan una respuesta más física y señalan que tras verlas les da hambre. Me divierte saber que los hay que tuvieron que preparar algo para comer tras ver mis obras. Sabes que una pintura puede provocar que alguien altere sus planes y tenga que cocinar o salir a comer ciertas cosas me fascina".
La comida tiene efectos físicos, psicológicos y espiritualesJohnson escoge alimentos asociados a sensaciones reconfortantes y sentimientos de alegría, que se pueden convertir en una adicción que nos deja sin resistencia ante su tentador encanto. La artista destaca la compleja relación del ser humano occidental con la comida, indispensable para nuestra supervivencia, pero también portadora de "efectos físicos, psicológicos y espirituales".
"La sociedad estadounidense anima al exceso"
Las asociaciones con la niñez, los recuerdos de una vida "sencilla y fácil de entender" y la costumbre de comer desde la infancia una cosa y no otra configuran nuestras preferencias. La pintora alerta además de cómo la desmesura se impone sobre el plato de proporciones razonables en una sociedad como la estadounidense, "que anima al exceso".
Es comida 'real', merecedora de invertir calorías en ellaPara sus cuadros, elabora lo que después retrata, siempre con procedimientos caseros y evitando en lo posible los ingredientes procesados. "Pinto comida real que considero merecedora de invertir calorías en ella". Se niega a introducir en sus cuadros chocolatinas y chucherías y busca la pureza de los ingredientes, una apreciación que considera en alza. "Somos un país que está reaprendiendo a cocinar y disfrutar la comida haciéndola nosotros mismos. Hago mis fotos de referencia a estos platos caseros y luego comienzo a pintar en paneles de madera".


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