La proximidad de las elecciones autonómicas de 2007 condicionó las intervenciones, y Chesús Bernal (CHA) y Adolfo Barrena (IU) ofrecieron veladamente su disposición a pactar con los socialistas un futuro Gobierno de progreso.
Bernal incluso se refirió al buen funcionamiento de la coalición PSOE-CHA en el Ayuntamiento de Zaragoza, mientras Barrena reclamaba a Iglesias que haga política de izquierdas.
A pesar de los guiños preelectorales, ambos portavoces criticaron lo que calificaron como «inmovilismo» del Gobierno aragonés, su ineficacia y las promesas incumplidas por socialistas y paristas.
Pero en el terreno de las críticas la dureza corrió por cuenta del portavoz del PP, Gustavo Alcalde, quien acusó a Iglesias de engañar a los aragoneses y de vender como logros propios, mediante la manipulación, decisiones que correspondieron a otros entes.
Frente a la bonanza económica de Aragón, que el líder socialista atribuyó a la gestión de su Gobierno, Alcalde alertó sobre el alto IPC aragonés, las hipotecas y el incremento de la presión fiscal por parte de la DGA.
Iglesias cerró el debate en tono conciliador y ofreciendo negociación a sus opositores.


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