En septiembre, estos centros de ejercicio duplican su afluencia de público en comparación con antes del verano, según una decena de gimnasios consultados. Pero no todo el mundo es constante y fiel a esto del culto al cuerpo. «Yo me suelo apuntar después de Navidad, Pascua y verano, pero no aguanto más de un mes», confiesa Chantal, una joven recién matriculada. Y como ella, hay legión estos días.
Los monitores afirman que cuando les dicen que tienen que acompañar el ejercicio con dieta, se dan de baja. Para Rocío, «es un rollo, porque todas las salas están demasiado llenas». Y le molesta: «Espero que en invierno la gente deje de venir en masa».
Es tal la demanda en un céntrico gimnasio que atienden medio centenar de llamadas y 25 visitas al día. El precio va de los 35 euros al mes (el más barato) a los 68 más 58 de matrícula (el más caro). Causan furor pilates, aeróbic en una bici y gimnasia en el agua. Y piden conciliar ejercicio y relajación.


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