Prima de riesgo, rescate de la banca, mercados, Bolsa... son conceptos a los que los españoles se han tenido que familiarizar de manera forzosa en los últimos tiempos. En la eurozona se debate cómo calmar a los mercados, especialmente tras comprobar que la ayuda que recibirá la banca española y las elecciones griegas no han servido para que las aguas vuelvan a su cauce. Cada vez son más los que abogan por una unión fiscal, bancaria, monetaria y política entre los países que forman parte del euro. ¿Qué consecuencias tendría ello para España?
Muchos ven en esta fórmula la clave para resolver buena parte de la crisis que tiene a Europa contra las cuerdas, tal y como señalan desde Consumer. La existencia del euro como moneda comunitaria no tiene mucho sentido por sí sola, si no está apoyada en una legislación unificada en materias financieras, monetarias y fiscales, aseguran los expertos. Su percepción es que este hecho ayudaría a frenar futuras crisis o, al menos, a minimizar su impacto y a evitar llegar a situaciones de estrés y máxima tensión. Supondría una integración que haría que todos los países pagaran el mismo IVA e Impuesto de Sociedades, permitiría el lanzamiento de eurobonos y lograría que las primas de riesgo se redujeran.
La unión fiscal, en principio, es difícil que afecte al IRPFLa unión bancaria, monetaria y fiscal supondría que los Estados miembros perderían soberanía en favor del conjunto de la Unión. Las leyes locales desaparecerían, para dar paso a las leyes comunitarias. La integración serviría para lograr una mejor gestión en época de crisis, evitar burbujas en etapas de bonanzas y potenciar una mayor competitividad de todo el continente.
Unión política
En un escenario así, los políticos deberían ser capaces de delegar parte de su poder, algo difícil. La integración supondría nombrar un presidente permanente de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del euro que se reuniría de forma regular. Por debajo, se formaría un eurogrupo ministerial, que aplicaría las decisiones de la cúpula y aseguraría su funcionamiento ordinario.
Unión fiscal: pros y contras para España
Conseguir una integración fiscal en Europa supone, de entrada, que todos los países deberían asumir la misma legislación en materia de impuestos. Es decir, que todos los ciudadanos europeos, fueran del país que fueran, pagarían la misma fiscalidad, en algunos impuestos (no en todos). En principio, de lograr la unión en este sentido, quedarían afectados impuestos como el de Sociedades o el IVA. Parece difícil que, de entrada, la integración afectara al IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas).
Ahora, cada país aplica su propia tributación en relación con el Impuesto de Sociedades, que presenta tarifas muy dispares. A cierre de 2011, el tipo impositivo de Malta y Macedonia se situaba en el 35%, el más elevado del continente; el de Francia, en el 33%; el de Italia, en el 31,40%; el de España, en el 30%... Por debajo de ellas están los tipos aplicados en Alemania (del 29,41%) y Noruega o Reino Unido, entre otras, con el 28%. Irlanda abona un 12,50% por el Impuesto de Sociedades y Montenegro, el país con el tipo más bajo, el 9%. La media europea se sitúa en el 24,99%. En este sentido, si se tendiera a fijar un tipo similar a la media actual, España saldría beneficiada, ya que actualmente su impuesto es más gravoso.
España tiene un Impuesto sobre el Valor Añadido general y otro reducido, distinción que no se aplica en otros paísesEl IVA también podría ser otro de los impuestos afectados en caso de la integración, lo que supondría pasar de aplicar un tipo propio en cada Estado a uno mismo pero con carácter comunitario. Hay mucha disparidad en este tema. En algunos países, como España, hay un Impuesto sobre el Valor Añadido general y otro reducido, distinción que no se aplica en otros países. Los tipos particulares son también muy diferentes: oscilan entre el 25% de IVA que aplica Hungría, al 15% de Chipre y Luxemburgo. En Portugal aplican un impuesto del 23%; en Francia, del 19,6%; en Italia, del 20%; en Grecia, del 23%; en Holanda y Alemania, del 19%...
Si se unificara el IVA en Europa y se decidiera que todos los países impusieran el mismo impuesto, España podría salir perdiendo, ya que su tipo de impuesto general (del 18%) es más reducido que la media (situada en el 20%). Los ciudadanos españoles saldrían perjudicados porque, lógicamente, el IVA unificado sería más alto que el actual. En cualquier caso, lo más probable es que a corto plazo España suba este impuesto, con lo que, en caso de integración, ya estaría situado en torno a la media.
En general, el efecto de una integración fiscal sería positivo para los ciudadanos europeos y, en particular, para los españoles. En España, evitaría prácticas como la fuga de capitales a países con fiscalidad más ventajosa, lo que permitiría generar más riqueza dentro del país.
Unión monetaria: beneficiosa para España
Afectaría, sobre todo, a la impresión de billetes (creación de nuevo dinero) y la concesión de créditos por parte del Banco Central Europeo. La integración monetaria permitiría que el BCE actuara como prestamista de último recurso en caso de que un país concreto necesitara ayuda; es decir, compraría la deuda que un país no pudiera colocar en el mercado. En los últimos meses, ha ayudado a algunos países, con la compra de importantes paquetes de deuda, pero no lo suficiente. La integración monetaria plena le daría más capacidad para actuar como prestamista de último recurso y evitar fuertes subidas en la prima de riesgo de algunos países.
La integración monetaria permitiría que el BCE ganara poder frente a los bancos centrales de cada paísUna de sus principales consecuencias sería que los actuales bancos centrales de cada país perderían poder, en favor del Banco Central Europeo, que alcanzaría una potestad casi total en materia monetaria. En España, por ejemplo, el Banco de España perdería muchas de sus funciones, ya que las ostentaría el BCE.
Otro de los resultados de esta integración sería que haría realidad la emisión de eurobonos, de deuda comunitaria que estaría bajo el paraguas del BCE y no del Tesoro Público de cada país. Esto posiblemente desembocaría en una clara relajación de las primas de riesgo (la diferencia entre lo que debe pagar cada país por colocar sus bonos en el mercado en comparación con lo que abona Alemania).
La integración debería conllevar a que los diferenciales entre los países se equipararan o a que, al menos, fueran muy parecidos.
Para España y los ciudadanos españoles la unión monetaria sería beneficiosa. Ayudaría al Estado a rebajar el coste por colocar su deuda, lo que favorecería rebajar el déficit fiscal. Esto permitiría tener más margen de maniobra para crear empleo, promover inversiones y, en definitiva, reactivar la economía.
Unión bancaria
Con ella, todos los bancos de Europa se someterían a una misma regulación. Europa ha elaborado ya la normativa de Basilea (Basilea I, II y III) que impone criterios unificados para todas las entidades financieras. La crisis y la nacionalización de entidades por parte de numerosos países (Alemania, Holanda, Irlanda y España, entre otras, han tenido que prestar dinero público a varios bancos privados) han propiciado que en el seno de la Unión Europea se hayan elaborado leyes comunitarias, para que las entidades refuercen su solvencia y sus provisiones. Basilea III camina en este sentido.
Solo afectaría al plano legal a nivel más elevado. Cada banco, como entidad privada, tendría total libertad para aplicar las políticas comerciales que desee y vender los productos financieros que considere más adecuados, aunque siempre sometidos a las leyes comunitarias. La unión bancaria afectaría sobre todo a la contabilidad financiera, aunque podría imponer restricciones a la comercialización de determinados productos de riesgo, como las participaciones preferentes o determinados estructurados.
Su efecto también sería positivo para los ciudadanos españoles, ya que la integración se realizaría con el objetivo de ampliar la seguridad y supervisión bancaria en todo el continente.


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