Hablar, comunicar, dar explicaciones. Es una de las muchas responsabilidades que tienen los gobernantes, aun más importante cuando se es presidente de Gobierno. Y tarea casi prioritaria cuando el panorama político y económico transcurre por sendas delicadas…
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"Decir siempre la verdad, aunque duela. Decir la verdad sin adornos. Llamar al pan, pan y al vino, vino". Esta fue la declaración de intenciones de Mariano Rajoy en su debate de investidura como presidente, un argumento "del que pretendo hacer bandera en mi Gobierno", aseguró.
Bandera al viento de los aires que corren, parece ser que Mariano Rajoy algunas veces ha debido de olvidar esta máxima y en otras ha preferido simplemente no decir nada, no dar explicaciones ante decisiones importantes de su Ejecutivo, o para valorar situaciones delicadas en el panorama nacional o internacional.
"Decir siempre la verdad, aunque duela. Decir la verdad sin adornos", fue su promesaLa peculiar manera de Rajoy a la hora de exponer sus ideas tuvo su principal exponente en la primera comparecencia como presidente del Gobierno, el 21 de diciembre de 2011. El día que anunciaba la composición de su gabinete tardó 101 segundos en leer el nombre de los elegidos para ser ministros y especificar la cartera que ocuparían. No hubo tiempo para más. Tal y como se puso delante del micrófono desapareció, sin admitir ninguna pregunta de los medios de comunicación allí convocados.
Las comparecencias del presidente del Gobierno ante los medios de comunicación han sido en estos seis meses de mandato muy escasas y la mayoría de ellas muy medidas. Tan solo ha ofrecido tres ruedas de prensa en las que ha comparecido él solo y ha admitido preguntas. El resto se relegan a las obligadas ruedas de prensa en las que estaba acompañado de otro mandatario, o lo que en el argot periodístico se denomina 'canutazos': declaraciones breves a golpe de micrófono en pasillos, en plena calle, al salir de un coche o al bajar de un avión.
Sí ha hablado y transmitido mensajes a la opinión pública en las habituales sesiones de control al Gobierno o en algún acto público como mítines o conferencias.
Y también ha dicho lo que pensaba en un par de ocasiones, aunque en su fuero interno habría preferido que no se supiera. Los 'malditos' micrófonos abiertos cazaron algún comentario comprometido, como aquel en el que le decía al presidente de la Generalitat, Artur Mas, que vivía en el lío, o en aquella reunión del Consejo Europeo en la que aseguró que la aprobación de la reforma laboral le iba a costar una huelga.
Rajoy decidió ser el máximo responsable de la política económica del GobiernoPero sin duda, lo que más ha sorprendido a muchos es esperar alguna explicación detallada del jefe del Gobierno sobre decisiones importantes del Ejecutivo. Rajoy no salió a dar explicaciones ni cuando el Gobierno anunció los primeros ajustes y subidas de impuestos, ni cuando aprobó la reforma laboral, ni cuando decidió la amnistía fiscal, ni cuando presentó los Presupuestos restrictivos para 2012, ni cuando decidió otro recorte de 10.000 millones en Sanidad y Educación... por poner algunos ejemplos destacados. En estos casos siempre delegó en sus ministros. En muchas ocasiones han sido Montoro (Hacienda) y De Guindos (Economía) los que han explicado cómo es el pan y el vino de recortes y rescates, a pesar de que el presidente del Gobierno decidió ser el máximo responsable de la política económica del Gobierno, al asumir el mando de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos (organismo que tradicionalmente ha dirigido el vicepresidente económico de turno).
La callada por respuesta ha sido también su manera de proceder cuando la opinión pública esperaba un pronunciamiento del presidente ante hechos relevantes en el panorama político o económico. Mariano Rajoy evitó comparecer para dar su versión de lo ocurrido tras las elecciones autonómicas de marzo, donde el PP no consiguió los votos suficientes para poder formar Gobierno en Andalucía y Asturias. Tampoco dijo ni mu el día en el que los mercados tuvieron uno de sus días más locos y consiguieron en una misma jornada dejar la prima de riesgo en su nivel más alto desde que Rajoy gobernaba y hundir la bolsa a niveles de marzo de 2009. Ese día todo el mundo esperaba una declaración del presidente para valorar la situación. Pero, lejos de salir corriendo a ponerse delante de un micrófono para dar una explicación, salió corriendo por el garaje del Senado dejando plantados a periodistas, cámaras y fotógrafos, que al fin y al cabo son quienes hacen llegar la información a la ciudadanía.
Tampoco dará cuentas Rajoy del balance de cómo se desarrolla su legislatura hasta el momento. Este mismo miércoles, justamente un día antes de que se cumplieran los seis meses de Gobierno, se conoció que este año no va a haber debate del estado de la nación, una tradición instaurada en 1983, que sirve para evaluar en el Congreso la acción de Gobierno año tras año.
Mariano Rajoy, presidente. Hablar lo justo, no hablar. Para algunos una virtud, saber medir los tempos y las palabras; para otros una manera de eludir su responsabilidad y un gesto de déficit democrático.



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