Sin el "glamour" de una época irrepetible que tenía su madre, la mítica y bellísima Grace Kelly, actriz fetiche de Alfred Hitchcock, las princesas de Mónaco han mantenido las cámaras de los paparazzi enfocadas en el minúsculo Estado, un verdadero filón para la prensa rosa y sensacionalista.
Mónaco no sería el Mónaco de hoy sin ellas, tras la trágica muerte de la esposa de Rainiero en un accidente de tráfico en 1982, un hecho que marcó sus vidas para siempre y que las convirtió desde entonces en huérfanas del cariño y la educación de su madre.
Carolina, la primogénita de los Grimaldi, heredó de Grace su belleza clásica y su distinción, además de una imagen de mujer responsable y sabia, a pesar del oscuro episodio de su primer matrimonio, en 1978. La boda de la joven princesa, de 22 años, con Phillipe Junot, un francés con fama de play-boy mucho mayor que ella y a la que se oponían sus padres, acabaría en divorcio, pero Carolina aprendería de un error que no volvió a repetir.
Tras la muerte de su madre, ella asumió sus responsabilidades y, siguiendo su ejemplo, se convirtió en una "primera dama", admirada más allá de las fronteras del Principado. Como le había ocurrido años antes a su padre, la hija mayor de Rainiero perdió a su gran amor, el multimillonario italiano Stefano Casiraghi, en un trágico accidente en el mar en 1990.
En 1999, Carolina vuelve a la actualidad tras su boda con el príncipe Ernesto de Hannover, un personaje de difícil carácter, a tenor de sus rabietas públicas, pero que da a la princesa su última hija, Alexandra, y le devuelve, al menos sobre el papel, la estabilidad emocional.
Eso es, precisamente, la mayor carencia de Estefanía, la pequeña de los Grimaldi, la rebelde, la indisciplinada, la extravagante de la familia, cuyas historias y desventuras amorosas, más o menos ciertas, han llenado cientos de páginas de la prensa del corazón.
Como para su hermana, la muerte de su madre fue un golpe terrible para ella, pero al contrario que Carolina, Estefanía parece no haberse recuperado nunca de ese fatal accidente en el que ella, con 17 años, se salvó milagrosamente. A partir de entonces, se alejó de la vida de Palacio y comenzó a dar bandazos en el mundo artístico, en el que primero probó como modelo y luego como cantante, ante la frustración de su padre, que no sabía cómo controlar la rebeldía de Estefanía.
Estefanía, que aún tendría una hija, Camille, de otro ex guardaespaldas, Jean-Raymond Gottlieb, antes de casarse y divorciarse con el propietario de un circo, el acróbata portugués Adam Lopez Peres, se convirtió en compañera inseparable de su padre en sus últimos años.
Ella fue la que acudió a su lecho de hospital a primera hora del 22 de marzo, después de que durante la noche el estado de Rainiero se agravara bruscamente, lo que obligó a internarlo en la unidad de reanimación y, luego, someterlo a respiración asistida.
El rostro deshecho de Estefanía, captado
furtivamente por las cámaras a su salida de la clínica, mostraba su
profunda aflicción. Unas horas después, Alberto y Carolina volverían
precipitadamente a Mónaco y se relevarían con su hermana menor en el
centro médico. Estefanía, que unas semanas antes había acogido a su
padre bajo la carpa del Festival de Circo de Mónaco para un último adiós a los artistas, será sin duda la más desvalida por su desaparición.
NOTICIAS RELACIONADAS
FOTOGALERÍA: La vida de Rainiero
Muere Rainiero de Mónaco
El Príncipe que transformó Mónaco en un paraíso fiscal
El Príncipe Alberto: un perfil desconocido


España y Estados Unidos coinciden en que la banca se recapitalice sin acudir a rescates
De Guindos: "El futuro del euro, en España e Italia"
El proyecto de Valdevaqueros "no contempla urbanizar playa"
La voracidad urbanística se come a bocados la costa española
El príncipe de Asturias pide "poner de lado el fatalismo"
Pedro Rodríguez: "El único '7' de España es Villa"
El número de clientes de Telefónica cae
¿Qué disparó la Policía contra los mineros?



¡Sé el primero en hacerlo!