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Fotos
"Puede que no haya nada de importante en el modo en que John McNamara (Irlanda) filtra su agua, o en el lugar en que el perro de Mario Pieraccini (Italia) se sienta, o en el tipo de tetera en que Andrei Repin (Rusia) hace su té. Esta gente, como otros miles, tienen poco o nada que ver con el arte. Pero, movidos por un fin, han construído objetos fascinantes que merecerían exhibirse en un museo", dice Vladimir Arkhipov (Ryazan, Rusia, 1967).
El libro Home Made Europe (Europa hecha en casa) es el resultado de un viaje que llevó a Arkhipov por todo el continente europeo en busca de ingenios caseros, creados por un motivo particular. Los autores son artesanos aficionados o personas normales que por necesidad, capacidad creativa o la inexistencia de lo que buscaban, construyeron un nuevo objeto.
Publicado por la editorial inglesa Fuel, el tomo recopila 220 artefactos de países como Reino Unido, Francia, Alemania, España, Irlanda, Italia, Suiza, Albania y Ucrania. Cada uno va acompañado de una fotografía de su creador, un texto con la historia del objeto, su función y los materiales usados para su fabricación. No es la primera vez que el autor ruso se interesa por los ingenios caseros, en 2006 publicó Home-Made: Contemporary Russian Folk Artifacts (Hecho en casa: artefactos populares contemporáneos de Rusia).
Ni categorías ni estadísticas
Una bicicleta con trozos de esquí en lugar de ruedas, unas "gafas de seguridad" hechas con alambre y el plástico de una bolsa transparente o una mesa fabricada con una señal de tráfico son algunos de los ejemplos con los que se ha encontrado el autor, que se limitó a hablar con los inventores y a fotografiar los objetos sin intención de sacar una conclusión: "Como las vidas reales, estos objetos reales se resisten a la clasificación y a la sistematización. Por eso no los he dividido por categorías ni he elaborado estadísticas. Simplemente trato de documentar todos los que encuentro, en su contexto original, usando mi cámara y mi grabadora".
Son una clase especial de objetos que no se hicieron para venderseEl libro descubre los ingenios no sólo como productos de los tiempos difíciles, sino como una necesidad creativa. Algunos son lúdicos o banales, como la cama para perros o el tanque de cartón. Arhipov destaca su importancia por pertenecer a "esa clase especial de objetos que no se han hecho para venderse", únicos, que retienen el carácter de sus creadores y se acercan así a la obra de arte.


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