Como parte de su discurso, ante 6.000 personas, en su mayoría jóvenes, en Marsella, Sarkozy aseguró querer instaurar un "servicio cívico" obligatorio, una medida innovadora en Europa, según sus palabras.
Cada joven de entre 18 y 30 años tendría entonces que trabajar seis meses para el resto de los franceses en alguna labor de interés general.
La 'revolución' de Sarkozy
Dentro de sus "cuatro revoluciones" para salvar a un planeta "que se asfixia", defendió la creación de un derecho internacional del medio ambiente que esté al mismo nivel que el derecho al libre comercio y propuso que "el desarrollo sostenible sea un criterio de todas las políticas públicas".
Además, abogó por reformar la fiscalidad para gravar la contaminación en lugar del trabajo y responsabilizar a las grandes empresas de los delitos ecológicos que cometan sus filiales.
El discurso voluntarista y vibrante de Sarkozy no estuvo exento de promesas concretas, como la reducción del paro por debajo del 5 % en el próximo quinquenio o la supresión de los impuestos sobre las horas extraordinarias.
Estigmatizó las 35 horas laborales a la semana, reforma estrella del anterior gobierno de izquierdas (1997-2002), y defendió el derecho de poder "trabajar más para ganar más".


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