Este fin de semana, la OTAN también perdió a 14 miembros del personal militar británico, que perecieron el sábado por el accidente de un Nimrod MR2 - usado para espionaje - mientras la alianza y las fuerzas afganas montaban la Operación Medusa en el distrito Panjeai, en la provincia de Kandahar.
Cientos de soldados, respaldados por aviones de guerra y helicópteros con metralletas, estuvieron involucrados en la ofensiva contra la zona, ubicada al suroeste de la ciudad de Kandahar, el centro de la resistencia de los talibanes.
'Las informaciones que hemos recibido desde el campo de batalla indican que 89 talibanes han muerto desde ayer', dijo el portavoz del ministerio de Defensa, Zahir Azimi.
'Tres soldados canadienses han fallecido y seis resultaron heridos en los enfrentamientos', agregó.
Se trató de la operación más grande realizada por la OTAN desde que asumió el comando en la sureña región el 31 de julio de manos de las fuerzas de coalición lideradas por Estados Unidos, afirmó el mayor Scott Lundy, portavoz de la alianza.
Un comunicado de la OTAN emitido desde su cuartel en Kandahar informó de que docenas de insurgentes habían muerto y que muchos estaban heridos al finalizar el primer día de combates.
Responsables señalaron que el accidente del Nimrod fue provocado por un problema técnico, aunque los talibanes afirmaban que sus combatientes derribaron el avión con un misil Stinger.
INTENSOS COMBATES
Panjwai ha sido el escenario de intensos enfrentamientos en otras ocasiones, y varios miles de personas huyeron de la región a principios de este año para evitar quedar atrapados en medio del fuego cruzado.
En esta oportunidad, según dijo Lundy, la OTAN pidió a los pobladores que evacuaran el área con anticipación y no hubo informaciones de víctimas civiles.
Un supuesto integrante de la insurgencia talibán, Nasib Khan, contactó telefónicamente con Reuters desde el campo de batalla y negó que alguno de los combatientes hubiera muerto.
El sonido de los disparos de artillería y las explosiones retumbaban mientras Khan hablaba, y de fondo era posible escuchar el llanto de niños.
La insurgencia atraviesa por uno de sus períodos más sangrientos desde que las fuerzas lideradas por Estados Unidos derrocaron al gobierno talibán a finales del 2001, después de que éste se negara a entregar al jefe de al Qaeda Osama bin Laden tras los ataques del 11 de septiembre.
Más de 2.000 personas, la mayoría de ellos extremistas, junto a docenas de civiles y trabajadores ayuda humanitaria así como cientos de efectivos de seguridad afganos, han muerto hasta el momento en lo que va de año.
Más de 100 soldados extranjeros han perdido la vida, incluyendo a quienes fallecieron en el accidente aéreo del sábado.
/Por Sayed Salahuddin/. *.


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