Ocurrió la semana pasada en Westlake, una localidad de Ohio (EEUU).
Una camarera de un bar pidió a una clienta que le enseñara su carné de identidad para comprobar que era mayor de edad y que podía, por tanto, consumir bebidas alcohólicas.
La joven no salía de su asombro cuando observó que lo que le mostraban era su propia tarjeta de identificación, sustraída semanas antes.
La tarjeta ya había sido utilizada por el presunto ladrón, que había gastado unos mil dólares en realizar diferentes compras.
Una vez recuperada de la sorpresa, la empleada del local avisó a la Policía, mientras que la clienta, alertada por su retraso, abandonaba el establecimiento para ser arrestada poco después en su casa.
La mujer, de 23 años, fue identificada por una amiga como Maria Bergan, lo que facilitó su detención.
Bergan ha sido acusada de los cargos de robo de identidad y de posesión de propiedades robadas.


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