Los puntos más codiciados son las puertas de las iglesias o las zonas más céntricas de la ciudad, como paseo Independencia o calle Alfonso. «Yo estoy en la puerta de esta iglesia porque el mendigo que normalmente la ocupa me la ha prestado», explicó una joven sin techo a 20 minutos. Ella lleva cerca de siete meses en la calle y reconoce que si hay una persona en un lugar determinado, «mejor no usurparle el sitio».
Hace tres días, en el mismo templo, ella y su compañero, Mariano, discutieron con otros dos que intentaron colocarse a pedir en su territorio. «A más personas, menos limosna», aseguran.
Ambos jóvenes quieren salir de la calle; sin embargo, no todos los sin techo quieren reconducir su vida. Las ganancias que se obtienen pidiendo o la libertad que les da vivir así son los motivos por los que muchos mendigos prefieren seguir siéndolo.




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