Al margen de las academias, los profesores particulares también hacen su agosto en verano. Es una opción más cómoda pero también más cara, puesto que la tarifa media es de unos diez euros por hora.
Más de 18.000 jóvenes aragoneses acuden estos meses a las academias, en su mayoría estudiantes de bachillerato que van a prepararse para los exámenes de septiembre. También abundan los alumnos de secundaria que, aunque no tienen recuperaciones, quieren reforzar las materias o, incluso, avanzar algunos contenidos del curso siguiente.
Las asignaturas estrella en estos cursillos son las de ciencias, como matemáticas, química o física, aunque los idiomas y la lengua son otros de los puntos débiles de los jóvenes. Para cada alumno se hace un plan ajustado a sus necesidades.
Las clases son diarias y se organizan en pequeños grupos de unos seis alumnos, fundamentalmente, en horario de mañana. El objetivo es evitar las horas de máximo calor y dejar a los chavales las tardes libres para que también puedan disfrutar del verano, explican los centros.
Deberes de refuerzo para casa
La falta de tiempo es el principal problema de los cursillos de verano, que tienen que condensar en uno o dos meses los contenidos de todo un año. «En cada asignatura tenemos que incidir en lo que el alumno lleva peor y el resto repasarlo de una manera menos profunda», asegura el profesor Manuel García. Las clases teóricas en las academias se combinan, además, con ejercicios prácticos para casa, «sobre todo para compensar la rapidez con la que les explicamos algunas materias», añade el docente.




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