Así de claro fue el ministro de Ciencia y Tecnología, Kusmayanto Kadiman, que señaló que su Gobierno fue advertido por el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico y la Agencia Meteorológica de Japón. «El sur de la isla de Java no tiene un sistema automatizado, como altavoces en las playas, para poder avisar a los habitantes», explicó Kadiman.
La ONU, en cambio, aseguró ayer que la población indonesia fue avisada «a tiempo». El último balance, hecho público ayer, habla de 352 muertos, 601 heridos, 136 desaparecidos y más de 10.000 desplazados. Entre los muertos hay siete extranjeros, ninguno español.
La zona más afectada han sido las playas de Pangandaran, importante centro turístico. El 40% de sus edificios están destrozados. No hay ni electricidad ni teléfono.
Sólo dos boyas en el océano
Indonesia dispone de dos boyas preparadas para detectar tsunamis, aunque el Gobierno admitió ayer que no hay ninguna operativa en estos momentos. «Necesitamos al menos 22 para cubrir todo el mar de Indonesia», explicó el Ejecutivo. El seísmo que provocó el maremoto del lunes se produjo a 46 km de profundidad. Las olas alcanzaron tres metros de altura.




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