Siete de los nueve residentes de régimen cerrado o «extremadamente peligrosos» comenzaron a autolesionarse y a amenazar al personal de servicio, lo que hizo necesaria la presencia de doce funcionarios para restablecer el orden y distribuir de nuevo a cada uno de los presos a sus módulos.
El sindicato de trabajadores de la prisión explicó que «en plena virulencia del conflicto» el jefe del servicio «falleció de una parada cardíaca, siendo inútiles los esfuerzos para recuperarle».
Por su parte, Instituciones Penitenciarias admitió que se trata de presos «conflictivos y violentos», por lo que consideró «lógico» este tipo de incidentes.
Ésta es la segunda revuelta que se produce en una cárcel gallega en el último mes, después de que el pasado 23 de junio se registrase otra en el penal pontevedrés de A Lama. En aquella ocasión fueron ocho los internos que se amotinaron en un módulo ocupado habitualmente por un total de 24 internos.


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