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Israel bombardea la carretera Beirut-Damasco e incomunica Líbano

libano
Israel intensifica los ataques sobre Líbano (Pavel Wolberg / EFE). (Pavel Wolberg / EFE)
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Las claves:
  • Líbano, incomunicado por tierra, mar y aire.
  • Reacción del Gobierno brasileño a la muerte de 4 de sus ciudadanos.
  • Hezbolá ha negado que sus milicianos hayan lanzado los cohetes.
  • El Ejército israelí, autorizado a utilizar cualquier medio para encontrar a los soldados secuestrados.

 

Israel bombardeó esta madrugada un puente de la carretera de Beirut a Damasco, la principal arteria automovilística y comercial del país, según confirmaron fuentes militares.

Una portavoz del Ejército israelí explicó que lo que se pretendió con el bombardeo de la carretera es "cortar las vías de contrabando de armamento hacia el Líbano, pero, sobre todo, impedir que los dos soldados (capturados el miércoles) puedan ser sacados del país".

Cuatro brasileños muertos

Por su parte, el Gobierno de Brasil confirmó la muerte de 4 brasileños, dos menores, durante los bombardeos.

Brasil ha reiterado su oposición a "este tipo de represalias que no contribuyen nada más que a deteriorar la delicada situación que vive la región" según un comunicado emitido por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Brasil, en el que además lamentan "profundamente" la pérdida de sus cuatro ciudadanos en tierras libanesas.

Pesadilla en el Líbano

La pesadilla sobre una nueva guerra se abate desde el miércoles sobre el Líbano, tras el inicio de los bombardeos por parte de Israel.

El jueves, los bombardeos israelíes dejaron inutilizado el Aeropuerto Internacional Rafic Hariri de Beirut, el único que recibe vuelos internacionales, obligando a los aviones a desviarse a Larnaca, en Chipre. Dos aeropuertos militares han sido también bombardeados para impedir su utilización.

Además, la aviación israelí ha bombardeado Sidón, Zahrani, y la región de Tiro, en especial la localidad de Zibquin, en el sur de Líbano, como parte de las represalias por la captura de Hezbolá de dos soldados israelíes.

Por su parte, la marina atacó el barrio Usai del sur de Beirut con tres proyectiles, destruyendo una central eléctrica.

Al menos 53 personas han muerto y 100 han resultado heridas
Estos ataques destruyeron al menos diez puentes que unen el sur con el resto del país y dañaron la sede de la televisión de Hezbolá.

Como consecuencia de los ataques israelíes, al menos 53 personas han muerto y más de 100 han resultado heridas.

Ante esta situación, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, ha decidido enviar un equipo de tres personas a la región, donde visitarán Israel, los territorios palestinos y Siria, para calmar la tensión.

Cohetes contra Haifa

Por su parte, grupos de milicianos dispararon cohetes "Katiusha" desde Líbano y alcanzaron el jueves la ciudad israelí de Haifa, que se encuentra a unos 50 kilómetros de la frontera y que cuenta 270.000 habitantes, informó la policía local.

Según fuentes del Ejercito israelí, el ataque no ha causado víctimas pero es considerado como un asunto grave por la importancia de la ciudad y porque los cohetes disparados desde Líbano nunca habían llegado tan lejos.

Hezbolá ha disparado casi un centenar de proyectiles "katiusha" contra el norte de Israel

Sin embargo, la Resistencia Islámica, brazo armado del grupo chií libanés Hezbolá (Partido de Dios), negó en un comunicado que sus milicianos hayan lanzado los cohetes contra Haifa.

Previamente, Hezbolá había amenazado en un comunicado con "bombardear" la ciudad de Haifa, si la aviación israelí atacaba los suburbios del sur de Beirut.

Por el momento, Hezbolá ha disparado casi un centenar de proyectiles "katiusha" contra el norte de Israel.

Unos 700.000 pasan la noche en refugios antiaéreos por temor a los cohetes.

Alto el fuego

Por su parte, el Gobierno libanés ha reclamado un alto el fuego general, tras la amplia ofensiva militar lanzada por el Ejército israelí en Líbano en represalia por el ataque de Hezbolá en la frontera con Israel en el que murieron ocho soldados y fueron secuestrados otros dos.

No es el único soldado israelí secuestrado, ya que las milicias palestinas retienen al militar Gilad Shalit.

Para liberarlo, una organización israelí de ultraderecha ha secuestrado a dos trabajadores en Jerusalén bajo la amenaza de matarlos si no queda libre en un plazo de 48 horas, según informa Radio Nacional de España.

30 años de ofensivas

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Dice ser Denis
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Dice ser Denis, 13.07.2006 - 20.43h

Esto es más importante de lo que parece, esto puede ser el comienzo de la 3 Guerra Mundial, y no estoy de broma.

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Dice ser SHeffeir
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Dice ser SHeffeir, 13.07.2006 - 20.46h

Josan,

Los miembros de DN son Nazis, que haces tu defendiendo a ISRAEL?

CUriosos lo de estos seudonazis de DN.

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Dice ser anonimo
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Dice ser anonimo, 13.07.2006 - 20.46h

Mi hijo ya ha cumplido los catorce. Como muchos preadolescentes, no tiene ni idea de lo que quiere ser de mayor, pero nosotros, sus padres, sí que lo sabemos: queremos que sea feliz. Después ya llegarán las complicaciones, las dificultades para acometer los hitos más lejanos, los más altos sueños… Y allí estaremos, allí, en la cima de sus éxitos y en el vacío de sus caídas, porqué eso somos, una sólida red de protección que nace del amor que nos tenemos, de la complicidad que sabemos tejer. Somos una familia, y ello es exactamente una familia cuando se ama: una espesa red de sentimientos, ayudas y emociones. Sea como fuere, lo cierto es que, cuando pensamos en el futuro de nuestros hijos, no hay nada que nos cause más dolor que intuir los problemas que padecerán, las desgracias que, quizás, vivirán, los desengaños. ¿puede existir un padre y una madre, en un contexto de vida y de amor, que quiera alguna maldad para su hijo? No lo sé. No sé como son los padres de Sami Salim Mohamed. Quiero creer que son padres palestinos normales, protectores y amantes de sus hijos. Si es así, hoy deben estar llorando la muerte de Sami, a escondidas, porqué la locura integrista islámica exige que los padres expresen alegría por el suicidio de un hijo en un atentado terrorista, considerado un mártir y no un asesino.

Sami Salim tenía 17 años, la edad de empezar a enamorarse, de creer que el mundo es un espacio habitable, lleno de horizontes por descubrir, de paraísos por conquistar. 17 años, la edad de los sueños, la de los mitos del fútbol y el deporte, la edad en que todas las chicas son pura poesía. Pero Sami Salim Mohamed no fue educado para la vida, sino para la muerte, no lo fue para la convivencia y el amor, sino para el odio, y así, alimentado por una sociedad enferma que cree que enviar a sus jóvenes a la muerte es voluntad divina, inició, un día terrible, el camino de Tel Aviv. En el puestecito de comida rápida Falafel Rosh Ha´ir, allí donde podía encontrar muchos jóvenes como él para asesinar, se explotó la bomba que llevaba adosada al cuerpo. Previamente, en un video propagandístico para uso de más anulaciones de cerebro, ese chico de 17 años expresaba su alegría por el paso, hacia la muerte, que estaba a punto de hacer. Aún sabía poco sobre la vida, pero ya creía saberlo todo sobre la muerte. Y en su tribuno, se llevó la vida de nueve personas más y decenas de heridos. Nueve personas asesinadas, nueve, con sus ilusiones destruidas, sus proyectos truncados, quizás un médico, quizás un chico que acababa de declararse a su chica, quizás una maestra, quizás…, nueve historias de vida y de amor truncadas de cuajo.

¿Es Sami Salim un asesino? Creo, más bien, que es el instrumento demoníaco de una ideología asesina que desprecia a la vida de tal forma, que empieza despreciando la vida de los propios hijos. “Lo que más odio no es que nos matéis a nuestros niños, sino que nos obliguéis a matar a los vuestros”. Décadas después del grito doliente de Golda Meier, poco ha cambiado.

Palestina tiene, sin duda alguna, muchos problemas. Pero hay uno que los condiciona todos, que los contamina hasta la medula, hasta la destrucción, hasta la pura nada: es, hoy por hoy, una sociedad profundamente enferma, liderada por fanáticos fundamentalistas que consideran que la vida de sus hijos es carne de bomba, clavos y muerte, y que morir es mejor que vivir. Una sociedad que, en las escuelas de los niños, no cuelga el póster de Harry Potter, sino la cara alegre de un pobre Sami Salim que no llegó a los 18 años porqué le educaron para matarse y matar, es una sociedad agónica y autodestructiva. Puede que tenga un presente caótico y complejo. Pero, liderada por el nihilismo integrista, lo más trágico, lo más terrible, es que no tiene futuro posible.

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Dice ser anonimo
354
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Dice ser anonimo, 13.07.2006 - 20.48h

España nunca hizo los deberes con su responsabilidad antisemita. Ni antes, ni ahora, hasta el punto que no sorprende la dura acusación de Pat Cox, presidente del Parlamento Europeo, en su informe de marzo de 2004: España está considerada, hoy, como la fuente principal de incitación contra los judíos en Europa. Dice el informe del European Monitoring Centre on Racism and Xenophobia, hablando de la cobertura mediática del conflicto de Oriente Medio: “puesto que los estereotipos que se encuentran en dicha cobertura son los mismos que contra los judíos que reinaban en los años 30 (matando niños, controlando el mundo, relación con el dinero, oscuras intenciones...), es imposible afirmar que la ola anti-israelí que recorre España sea independiente de un contenido antisemita en las noticias”. Estas afirmaciones se completan con los resultados que Gallup ha presentado para la Liga Antidifamación, en una encuesta reciente: el 72% de los españoles deportaría a los judíos de Israel; solo un 12% aceptaría tener vecinos judíos; el 69% cree que los judíos ostentan demasiado poder y un 55% les atribuye “intenciones oscuras” que no saben concretar. Para mi desgracia, el estudio es contundente: Cataluña y el País Vasco presentan los índices más altos de judeofobia.
Datos recientes avalados por grandes instituciones. Sin embargo, ¿han preocupado a alguien? Diría más, ¿han sido creídos, leídos, asumidos? No solo se han convertido en papel mojado, sino que el global español mantiene los esteriotipos que han motivado la alarma de Estrasburgo. Convencida de ello, la acusación que lanzo es precisa: hoy, España, vuelve a ser antisemita. Antisemita al estilo polaco, es decir, en expresión feliz de Paul Landvai, “antisemita sin judíos” Y digo antisemita a sabiendas que la mayoría de mis colegas (especialmente de la izquierda) no solo no aceptan el término, sino que les ofende, como si el antisemitismo fuera patrimonio exclusivo de la extrema derecha y del catolicismo fanático. Sabemos, desde que Martín Luther King lo denunció en su “Carta a mi amigo antisemita” que muchos son los camuflajes del antisemitismo, y que el antisionismo y el antiisraelismo son mucho más llevaderos para según qué pieles sensibles. Pero se alimentan de las mismas fuentes de intolerancia. Por supuesto que la crítica a Israel es legítima, y que no toda crítica puede englobarse en el antisemitismo, pero hay tantos motivos de alarma que habrá que analizarlos si no queremos alimentar nuestro huevo de la serpiente.


Primera alarma: la banalización sistemática y desalmada de la tragedia del Holocausto. Una banalización que no se produce solo en panfletos aberrantes de los nazis de turno, sino en artículos y declaraciones de intelectuales con prestigio y mayoritariamente progresistas. Aún resuenan, para vergüenza de millones de muertos, los desprecios de Saramago a la memoria de la Shoá. Pero no solo el venerable Nobel ha minimizado la única industria de exterminio de la historia de la humanidad, sino que su actitud empieza a ser una gramática colectiva. Humor gráfico con líderes israelíes convertidos en nazis, acusaciones de genocidio y prácticas hitlerianas en cualquier acción israelí, comparaciones alegres entre el Holocausto y cualquier contingencia violenta actual... Sin ir más lejos, López Agudín, en este mismo periódico, planteaba un aberrante paralelismo entre Auschwitz y las prisiones en Iraq. Es decir, la pertinente crítica a las torturas a presos iraquíes, se convertía en una alegre excusa para reducir una monstruosidad incomparable a nada –“la muerte del alma humana”, como lo definió Claude Lanzmann en su Shoá-, con un deplorable capítulo de torturas. Banalizar el Holocausto es una doble vergüenza moral: lo es con la memoria trágica de Europa, y lo es con nuestra responsabilidad histórica. Pero nada surge de la nada. Hoy podemos banalizar el Holocausto porqué nunca nos preocupó educar a nuestra sociedad en su trágico significado, hasta el punto que lo hemos circunscrito a una simple cuestión alemana. Auschwitz es la estación final de decenas de siglos de persecución contra la piel judía europea, y España (Isabel la Católica en mano) fue motor del odio antisemita que siempre ha recorrido la espina dorsal europea. Todo lo bueno, en el campo del derecho, las letras, las ciencias, la medicina, todo lo bueno que nos ha pasado tiene que ver con la Europa judía. Todo lo malo que nos ha pasado tiene que ver con la Europa antijudía. Sin embargo, ni aprendemos, ni asumimos la responsabilidad moral que la memoria trágica exigiría. De la desmemoria nace la banalización y el olvido. Del olvido renace el prejuicio. Y en el prejuicio vuelve a habitar la intolerancia.


En perfecta sinergia con la banalización del Holocausto, la mayoría de nuestra Intelligentsia practica un antiisraelismo furibundo que va más allá de la lógica crítica a las acciones israelíes. Por el camino, no solo se maniquea la realidad convirtiéndola en una partida entre buenos y malos, sino que se magnifica la culpa judía y se reduce, hasta la desaparición, la culpa palestina. La minimización del terrorismo palestino, enemigo fundamental de la propia causa palestina, es uno de los ejercicios de irresponsabilidad más estridentes del pensamiento de izquierdas español. Como estridente es la solidaridad selectiva que solo llora por las víctimas palestinas y ningunea, hasta el más hondo desprecio, a las judías. Esto ocurre en cada ámbito donde se habla de este complejo conflicto, de manera que podríamos afirmar que sobre Israel no se informa, se hace propaganda.
En este contexto de distorsión informativa, la banalización de la Shoá toma especial relieve. Si el holocausto es comparable a cualquier acción violenta coyuntural, los israelíes pierden toda condición de víctimas y quedan desnudos ante su única condición de verdugos. Por el camino, Europa se libra de su propia culpa. De ahí a lanzar, sobre la cabeza de Israel, la acusación de “genocidio” o “nazismo”, va un estrecho margen que cada día se traspasa. Y ello a pesar de que es especialmente inmoral lanzar sobre los restos del naufragio del genocidio, la acusación de nazi. Pero es una inmoralidad al uso, perfectamente asentada en los salones finos del pensamiento de izquierdas políticamente correcto.
Intelectuales, líderes de izquierdas, opinadores, ¿no tenemos responsabilidades morales que estamos vulnerando? La responsabilidad de hacer pedagogía de la tolerancia, y no alimentar los viejos demonios con vestidos nuevos. Y recordemos que el antisemitismo es la escuela fundacional de la intolerancia. La responsabilidad de no traicionar a la memoria trágica europea, situando la maldad extrema del Holocausto en el lugar único de horror que se ganó a pulso de millones de muertos. Cada vez que un intelectual juega frívolamente con la memoria de la Shoá, por buenas intenciones que tenga, está volviendo a matar a sus víctimas. Es la sutil doble muerte, la muerte física, y la muerte del olvido. Con el agravante de que la minimización del holocausto no solo despoja a las víctimas de su lugar en la historia, sino que lanza un mensaje aberrante a la sociedad: no es necesario vacunarse del largo camino de odios que lo hicieron posible. Y, finalmente, vulneramos la responsabilidad de analizar la realidad en términos veraces y no estomacales, dando elementos que sirvan para objetivar los problemas, y no convertirlos en excusas doctrinarias. Respecto a Israel, hemos substituido a las ideas por las consignas, al debate por la pancarta, y al pensamiento por la propaganda.

El resultado es un odio furibundo a Israel, una indiferencia absoluta por las implicaciones de países de la zona en el terrorismo, y una exculpación, vía martirologio, de los horrores que el terrorismo palestino perpetra. Es decir, el resultado no es útil ni para los propios palestinos, aunque alimente bajas pasiones.
Concluyo compartiendo la alarma de Pat Cox: estamos creando un nuevo cuerpo doctrinario antisemita. ¿Paralelo al clásico? No. El nuevo antisemitismo es de izquierdas, es de élites y es inconsciente. Pero es. Lo es aunque sus altavoces le nieguen su auténtica naturaleza.

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Dice ser ipame
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Dice ser ipame, 13.07.2006 - 20.48h

a quien hay que sitiar es a israel, no se acuerdan de lo que ellos sufrieronj. tal vez haya que ir a por ellos tambien?? tal vez alguien tenga que decirles hasta donde pueden llegar. 3 soldados israelies, pero ya van muchos, muchisimos civiles palestinos. Un misil contra una piedra. Abajo israel

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Dice ser Josan
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Dice ser Josan, 13.07.2006 - 20.49h

Yo también veo aquí rencor hacia los judíos, ¿será por los sefarditas que convivieron en lo que ellos llamaban Sefarad (España) junto con cristianos y musulmanes?

En fin, la vida da muchas vueltas, pero yo a los judíos los veo mas occidentales y modernos que a los musulmanes, los cuales se han quedado en lo peor de la edad media.

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Dice ser Afroamerican
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Dice ser Afroamerican, 13.07.2006 - 20.49h

Denis,

Pueda que tengas razon, pq si ahora entra Siria y Iran esto se puede liar.

Pq nosotros ayudaremos a Israel esta claro.

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Dice ser Josan
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Dice ser Josan, 13.07.2006 - 20.49h

SHeffeir :

No soy de DN, ¿de que vas tú?

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Dice ser SHeffeir
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Dice ser SHeffeir, 13.07.2006 - 20.52h

Josan,

No tengas miedo

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Dice ser pisscookie
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Dice ser pisscookie, 13.07.2006 - 20.52h

"Veo mucho rencor hacia los musulmanes,arabes,moros o medio oriente o como quieran llamar por parte de algunos españoles."

No puede ser que el comportamiento de esta gente tenga algo que ver? Acaso el hecho de que esten involucrados en el 99% del terrorismo global te parece poco?

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