La primavera es un momento muy especial para las plantas, ya que la mayoría sale del estado de latencia y alcanza su esplendor en cuanto a belleza. Pero eso no quiere decir que se deban dejar a su suerte: conviene tener presentes una serie de cuidados relacionados con el riego, los abonos, el trasplante y las plagas. La cuestión es evitar las sorpresas.
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Fotos
Fase de adaptación
Al principio, las plantas que hemos tenido durante el invierno en casa hay que sacarlas poco tiempo al exterior (máximo dos horas).
Habrá que protegerlas de las corrientes de aire, la lluvia y el sol. Con el paso de los días, se deben aumentar las horas.
Riego paulatino
El exceso de agua puede afectarlas negativamente, sobre todo, ante el riesgo de bajas temperaturas. Lo idóneo es dejar que el sustrato se seque antes de volver a regar.
Ojito con las plagas
Hay que vigilar de cerca y con frecuencia las yemas, los nuevos brotes y los capullos.
Según el tamaño de la infección, se podrá solucionar con un poco de algodón empapado en alcohol, quitar los parásitos con una pinza o aplicar un plaguicida específico.
Si el problema son los caracoles...
A veces solo hay que esparcir un poco de gravilla de roca volcánica –actúa como repelente– por la base de la planta. Un cebo perfecto para que estos moluscos no ataquen las plantas es colocar un recipiente con cer veza. Acudirán a ella atraídos por su olor.
Para evitar que trepen por las macetas, otro remedio casero es colocar una cinta adhesiva de doble cara alrededor del tiesto.
Trasplantes y abonos
Es importante que la planta no esté ya en la fase invernal en la que se suspenden tanto el crecimiento como el desarrollo de la actividad física. Si no, el estrés puede afectarla y provocar graves consecuencias.
Después del trasplante, hay que dejar pasar entre seis y ocho semanas antes de abonar. Durante este tiempo le resultarán suficientes los nutrientes del
nuevo sustrato.
Fertilizantes naturales: necesarios
Tanto si el ejemplar se ha trasplantado como si no, en primavera conviene incorporar abonos naturales en la tierra. Se debe comenzar con dosis bajas: la mitad o la tercera parte de las cantidades indicadas en el recipiente del abono.
Con el paso de los días y el avance de la estación, se pueden ir incrementando las cantidades hasta llegar a lo recomendado por el envase o por los especialistas.
'Stop' a las enfermedades
Una de las tareas primordiales cuando se acerca la primavera es la puesta a punto del césped. Para prevenir enfermedades, el suelo sobre el que se asienta debe estar bien ventilado. Para lograrlo hay que retirar la hierba seca, pajiza o superficial con un rastrillo.
No es recomendable regar cuando haga mucho calor, ni al mediodía, porque el efecto lupa puede hacer que se queme la hierba. Lo mejor es regar a primeras horas de la mañana o al atardecer, puesto que el agua se evaporará más rápidamente.



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