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Las prostitutas que ejercen en Desengaño (Centro) se refieren a un supermercado de la calle Ballesta. Hasta allí se habrían desplazado parte de los toxicómanos de la plaza de Luna, debido al refuerzo de vigilancia policial implantado tras el asesinato de una mujer el pasado viernes.
La Policía puede hacer que se vayan a otro lado, pero ellos no desaparecen
David, voluntario de una ONG que asiste y acompaña a los sin techo, tiene una explicación: "La Policía puede hacer que se vayan a otro lado, pero ellos no desaparecen".
Explica que algo parecido ha ocurrido con una treintena de rumanos que dormían en la plaza del Mercado Puerta de Toledo. "Los echaron de allí, pero ahora están en un callejón cercano".
En las calles de Madrid duermen unas 1.500 personas. En las plazas, mejor dicho. Y, sobre todo, en Centro.
"Aquí es más fácil ser anónimo y sobrevivir con la mendicidad", resume Darío Pérez, jefe del Samur Social, servicio que el año pasado asistió a 900 personas sin hogar.
Treinta años en la calle
Lolo es toda una institución en Tirso de Molina. Lleva durmiendo en la plaza 30 años.
No quiere ni oír hablar de un albergue, pues le recuerdan a sus años de cárcel. Sin embargo, ya ha convencido a más de un compañero para pedir traslado al de San Isidro. "Es que estaban ya muy mal", explica.
Es la una de la tarde y en la recién reformada plaza de Tirso hay unas quince personas en dos corrillos. La mayoría dice estar en tratamiento con metadona.
Ahora beben cerveza sentados en las nuevas jardineras. "Somos la mitad de los que éramos", explica El Málaga, "pero éste es nuestro sitio. Hemos estado aquí durante las obras y no nos marcharemos cuando vengan a inaugurarla", dice.
Tanto él como Lolo coinciden en que Tirso es mejor que Luna. "Allí se fuma crack. Esto es más tranquilo", dicen.
Resulta curioso que sólo trescientos metros al sur, en la plaza de Lavapiés, piensen lo mismo de ellos. "Tirso da asco", afirma Manuel, tirado en el suelo y abrazado a un cartón de Cumbres de Gredos. Manuel lleva 17 años en la calle, estaba antes en Tirso, "pero murió una pareja de amigos y me marché", explica.
Junto con Manuel se sienta Juanqui, que entiende bien que los vecinos se quejen de su conducta. "Somos unos guarros. Tiramos todo al suelo y meamos en las esquinas", reconoce. Pero dice que a él de ahí no lo echan. "No pueden, ésta es mi casa".
El defensor mira a Lavapiés
El defensor del Pueblo, Enrique Múgica, se hace eco en su informe anual de la sensación de «inseguridad» que tienen los vecinos de Lavapiés, a tenor de las quejas por robos, peleas y tráfico de drogas. La Policía informó que el barrio es patrullado las 24 horas del día y que en 2005 se ha reducido el número de delitos en un 20,8%.
El Ayuntamiento, por su parte, a la vista de la queja del Defensor del Pueblo, ha reforzado el servicio policial.


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