Estaba escrito en algún sitio que Zinedine Zidane no podía despedirse esta noche en Hannover. “Lo siento por los españoles, pero la hora de mi retirada no ha llegado todavía”, declaró el genio francés en respuesta al “adiós, Zidane” que proclamaban los aficionados españoles antes del encuentro.
El “10” francés no es el que fue, bien es cierto, pero ante las críticas a Francia por ser un equipo viejo, Zidane cogió su fusil.
Su falta de potencia ha sido compensada por su mayor sabiduría. Eso es lo que nos enseña el partido contra España.
Los españoles tuvieron el balón pero Francia supo replegarse con orden y criterio y Barthez casi no tuvo que intervenir.
Un guiño del destino
Aunque sólo jugara con un delantero, Francia nunca tuvo pánico. Era importante para los jugadores franceses llegar a los minutos finales del partido con opciones y así ocurrió.
El símbolo de este éxito de una Francia tardía es el gol de Vieira. Desde el inicio del partido, “Zizou” tiraba mal los córners, hasta el punto de que muchos nos preguntábamos si debería seguir tirándolos.
Pero en esa falta, Zidane encontró de nuevo el toque, encontró a Vieira para que éste metiera el balón en la portería española y Francia se propulsará a cuartos de final.
El resto, el gol anotado en un contragolpe es un guiño del destino, la guinda del pastel.
Ahora que se va enfrentar a Brasil, Francia aprecia más que nunca las ventajas de otorgar todo el favoritismo al rival.


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