Éste es el balance del mini baby boom que ha experimentado la provincia gracias, en parte, a la llegada de población inmigrante y a la bonanza económica, real o percibida por las familias. La tasa bruta de nacimientos por cada 1.000 habitantes ha subido ligeramente (de 10,34 a 10,77) y el número de hijos por mujer ha pasado de 1,304 a 1,326 de 2000 a 2005, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
A pesar del buen ritmo procreador de los alicantinos, todavía estamos lejos de la media nacional en número de hijos por mujer, que está en 1,342. Pero, en lo que sí se ha notado el crecimiento es en el total de nacimientos, que ha pasado de 14.509 a 18.140.
De esta forma, se compensa el envejecimiento de la sociedad alicantina, agravado por los empadronamientos de jubilados europeos que fijan su residencia en la Costa Blanca buscando la tranquilidad y el clima.
Además, los avances médicos hacen que mueran menos bebés con menos de un año de vida. Si en el año 2000 fallecieron 63 pequeños de estas edades, la cifra se ha reducido a 57 en 2005.
Bonanza y otras culturas de fuera
Los factores que influyen en esta mayor natalidad aquí son, según la socióloga alicantina María Hernández, que «los inmigrantes tienen una cultura más propicia a tener descendencia que la que había anteriormente aquí». Y también, según esta profesora de ESO, «la buena situación económica de la que disfruta el país, que les permite recuperar la idea de familia que se tenía hace varios años».


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