Los badaloneses Jaume y Ana, acabados de desembarcar de un vuelo de Nueva York, reconocían: «Hemos apurado hasta el último día, aunque mañana estaremos cansados en el trabajo y quizás nos arrepintamos».
Entre los viajeros que hacían que el aeropuerto fuera un hervidero había miles de extranjeros. Algunos iban cargados con palos de golf, material de esquí o el curioso recuerdo de Barcelona que consiste en un gorro mexicano. «Vinimos a pasar el fin de semana y todo ha ido muy bien, pero me he llevado una decepción con la comida de los restaurantes», se lamentaba el irlandés Ray McDonnell.
El estado de ánimo era bien distinto para la vigatana Roser Vilardella, quien partía de vacaciones rumbo a Egipto. joel albarrán bugié


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