Al nacimiento de Jarabe le siguió el de un personaje que coparía el trabajo de Valenzuela durante años: el capitán Torrezno. Un borrachín del extrarradio que vive en su particular micromundo, ubicado en el sótano de su casa.
Horizontes lejanos fue la primera entrega de la saga, a la que siguieron Escala real y Limbo sin fin (2003), Extramuros (2004) y Capital de provincias del dolor (2005), definida por el autor como «un punto y aparte».
A medio camino entre la épica y el humor, Valenzuela hace gala de una imaginación inagotable que bebe de los cómics de los setenta y los ochenta, de autores como Moebius o Bourgeon y de clásicos como El Capitán Trueno o Jabato. Su producción es impredecible. El año pasado, Valenzuela publicó Sociedad limitadísima, con las aventuras de Germán Villaespesa y su hámster de presa y la recopilación El lado amargo. En el futuro traerá, sin duda, nuevas y sorprendentes historias.
«Ser dibujante exige mucho y se recompensa muy poco»
1 ¿Qué hace falta para que la gente lea más cómics?
Crear un público más o menos habitual. Y para crear público la receta es clara, ofrecer un producto interesante.
2 ¿Qué le diría al dibujante que empieza?
Que tenga paciencia. Que no espere reconocimiento. Que busque un buen guión antes de empezar a dibujar y no al revés. Que se esfuerce por dibujar cosas que no sean su especialidad.
3 Lo más duro de esta profesión...
La distancia entre lo proyectado y lo conseguido, es decir, el trabajo. Ser dibujante exige mucho trabajo y el esfuerzo no se ve recompensado por reconocimiento social, dinero, etc.




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