¿Su argumento? Un asesino llena de culebras venenosas un avión repleto de pasajeros, donde viaja un testigo del FBI que declarará en su contra.
Legiones de fans
La fiebre desatada en Internet por S. O. A. P, que es como se conoce a Snakes on a Plane, ha generado durante tres meses –sin que hubiera ni siquiera un tráiler promocional de la película– la aparición de 34 artículos en periódicos, 521 blogs y 655 páginas web.
Ya hay camisetas y pósters no oficiales de la película –diseñados por sus fans–. Se trata de un público joven, amante de los escalofríos, que también sabe tomarse a broma, igual que los productores, una propuesta tan directa y sencilla como ésta. El 18 de agosto se estrenará en los EE UU, y muchos ya hablan de un éxito similar al de El proyecto de la bruja de Blair (1999).
El futuro del marketing podría estar en la Red, y los analistas ya estudian el caso S. O. A. P, aunque se muestran cautelosos: no hay estudios de audiencia fiables, no se asegura que la vea todo su posible público ni que la promoción llegue rápidamente a una amplia audiencia, como ocurre con la televisión y otros medios tradicionales.
Siguiendo la estela de la bruja de Blair
«Si recauda más de 10 millones de dólares, os compro un futbolín profesional». Esto fue lo que el dueño de la distribuidora Artisan Entertainment les dijo a Dan Myrick y Eduardo Sánchez, directores de El proyecto de la bruja de Blair. La película había costado sólo 35.000 dólares, los actores eran desconocidos y parecía rodada con cámaras caseras. La campaña presentó como real la ficción de unos jóvenes estudiantes desaparecidos mientras investigaban una leyenda local. De ellos sólo encontraron el material rodado, que sirvió para la película. El montaje funcionó y se considera el primer estreno promocionado por Internet. Myrick y Sánchez lograron su futbolín, pues la película recaudó 248,6 millones de dólares.
Soderbergh cuestionó a Hollywood
Steven Soderbergh tuvo la osadía de desafiar en enero a la industria de Hollywood, al estrenar Bubble en DVD y en la tele de pago antes que en los cines. Soderbergh logró lo que quería: publicidad. Pero su película –rodada con actores aficionados y que costó 1,6 millones de dólares– tan sólo se estrenó en 34 salas de los EE UU. Su anterior filme, Ocean’s Twelve, llegó a 3.290 salas.




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