Ni los trallazos de Márquez, ni el oportunismo de Omar Bravo ni los regates de Fonseca. Nada valió para batir a Joao Ricardo, portero de la selección angoleña, que estuvo inexpugnable. Y eso que no tiene equipo durante el año.
Ricardo lo paró todo, y lo que no paró él, lo repelieron los postes, grandes aliados de Angola y que, en dos ocasiones, escupieron los balones envenenados de México.
La selección americana salió lanzada en tromba. Había que ganar el partido para asegurarse el pase a octavos por la vía rápida y para eso había que romper la barrera que Angola había dispuesto en el campo.
Sin embargo, fue imposible. México atacaba y atacaba, pero no resolvía, y lo que fue peor para el equipo capitaneado por Márquez, las contras de Angola llevaban peligro, por lo que México tuvo que frenar para no perder el partido en un descuido.
Así se alcanzó el descanso, con dominio mexicano pero sin acierto. Por su parte, Angola se acercaba en contadas ocasiones a la portería de Sánchez, pero sin éxito.
La segunda parte siguió el guión de la primera, con un México lanzado, especialmente en los últimos minutos, pero siempre vigilando la zaga para no verse sorprendido por las rápidas contras angoleñas.
Joao Ricardo, con paradas impresionantes ante Omar Bravo y Márquez, salvó a su equipo de la derrota en los segundos cuarenta y cinco minutos, pero sus compañeros no pudieron recompesar su brillante actuación con un gol que les diera los tres puntos.
Al final, soso empate a cero en Hannover en un partido en el que México quiso y no pudo, y Angola no pudo y tampoco quiso.
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