El príncipe Enrique tuvo que limpiar las pocilgas, ayudar a cuidar el ganado y trabajar en los huertos de zanahorias y cebollas, bajo las instrucciones del encargado de la granja, David Wilson, según asegura el diario sensacionalista The Sun.
Con estos "trabajos honestos" el heredero de la Corona británica pretende que su hijo pequeño "siente la cabeza" y deje de causar problemas al tiempo que colabora en labores útiles, afirma el tabloide. El actual escándalo provocado por el príncipe se une al que creo a comienzos de 2002, cuando admitió ser consumidor de cannabis y alcohol. Su padre le llevó entonces a visitar un centro de rehabilitación de toxicómanos para que contemplara los efectos de esas sustancias en las personas allí ingresadas.
Este castigo no ha sido la única consecuencia de la aparición del príncipe disfrazado de nazi, que la semana pasada causó una seria polémica en el Reino Unido y en gran parte del mundo.
La Cámara de los Comunes anunció que someterá a un riguroso análisis a los asesores de los príncipes Guillermo y Enrique el próximo mes, según recoge hoy el periódico británico The Times.
La Cámara de los Comunes también estudiará el uso que el príncipe Carlos hace de los 24.000 euros que el Ducado de Cornwall genera al año para sus gastos, con los que paga, entre otras cosas, a sus 84 empleados y los gastos de oficina de su novia, Camilla Parker Bowles.




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