Lunes, 22/03/10. Actualizado hace 1 minuto
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Un millón de estos menores se encuentran trabajando en lugares peligrosos, como minas o canteras, y bajo condiciones precarias. Ejemplo de ello son los más de 155.000 menores que trabajan buscando oro en Perú, Colombia y Ecuador, o los 103.000 niños bolivianos que trabajan en explotaciones de plata, estaño y zinc. La OIT centrará su reto, según anunció ayer en Ginebra, en erradicar esta lacra en los próximos diez años.
Seis millones de niños están empleados en América Latina, donde países como Argentina han visto crecer en siete años el trabajo infantil en un 600%, según Save the Children. Intervida, por su parte, denunció que en Bangladesh más de 6,5 millones de menores de hasta 14 años que ya trabajan suponen el 12% de toda la población activa del país.
Aunque en nuestro país son sólo «casos puntuales», UGT trabaja para erradicarlo en los campos de cultivo de la fresa en Huelva o la patata y la vendimia en La Rioja, Burgos y Álava.
¿Sabías que...
... La tasa de trabajo infantil ha descendido un 11% sólo en Brasil y México?
... El 78% de los niños hondureños creen que deben trabajar para contribuir a su formación?
... Como empleadas del hogar trabajan en Marruecos 86.000 niñas que cobran 40 € al mes?
Condenados a no tener infancia
Tras cada niño de los 200 millones que se ven obligados a trabajar en el mundo hay una historia personal marcada por la pobreza y también por la enfermedad. La historia de Cveti es la de una niña de 12 años que robaba en Sofía, la capital de Bulgaria, para dar de comer a su familia. Su suerte cambió gracias al Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, y ahora va a la escuela.
Sok Keng, de 14 años, no ha tenido la suerte de Cveti y sigue trabajando en una fábrica textil de Phnom Penh, capital de Camboya, para ganarse el sustento. Su única aspiración es ser mayor para poder trabajar en las canteras, uno de los pocos trabajos a los que pueden acceder los habitantes de esta región.
Lucy Njoki, del África subsahariana, dejó la escuela para ayudar a su madre, enferma de sida, cuando tenía 13 años de edad. Gracias a una ONG volvió al colegio, aunque trabajaba a tiempo parcial. Ahora, los fondos se han acabado y Lucy tendrá que trabajar a tiempo completo.