"Recuperar el diálogo y la confianza entre todos es fundamental. Nadie sobra en este partido. Contaré con todos". Con esas palabras que podría firmar quien el próximo 4 de febrero se convierta en el nuevo o nueva secretaria general del PSOE, comenzó en julio de 2000 la etapa socialista bajo la batuta de un José Luis Rodríguez Zapatero que horas antes había ganado la carrera hacia el liderazgo a José Bono, Matilde Fernández y Rosa Díez.
Nueve votos de diferencia respecto al primero le dieron la secretaría general para llevar adelante lo que denominaba "el cambio tranquilo".
Los años previos a la llegada de Zapatero al Gobierno el PSOE tuvo material para hacer oposición del PP, con asuntos como la guerra de Irak o el PrestigeSuperado el largo ciclo de Felipe González y un periodo de cierta confusión en el que el PSOE tocó suelo en las elecciones del 2000, el partido vivió un relevo generacional e inició un nuevo estilo.
Zapatero quiso imprimir el sello del talante y abanderó una forma de hacer que tuvo su encanto para gran parte de las huestes socialistas y, después, para la mayoría de los votantes.
Convencido de que su estrategia daría réditos, intentó transmitir que encabezaba una oposición constructiva, que era capaz de llegar a acuerdos con el Gobierno de José María Aznar. Y el máximo exponente de esa forma de hacer política, a veces incomprendida por representantes de la vieja guardia del PSOE, fue el pacto antiterrorista.
Pero no faltaron durísimas críticas al Ejecutivo por la presencia de militares españoles en Irak, por la gestión del vertido del petrolero Prestige o por las mentiras que los socialistas veían en las explicaciones sobre la autoría de los atentados del 11-M.
Tres días después de esa negra jornada, con opiniones para todos los gustos sobre la influencia de la acción terrorista en el resultado electoral, los españoles entregaron a Zapatero la llave de la Moncloa.
La gestión Zapatero
El partido secundó como una piña las medidas que fue aprobando el nuevo Gobierno poniendo en valor especialmente las políticas sociales y apuestas concretas como la ley de la Dependencia, la de Igualdad o la que abría la puerta al matrimonio entre homosexuales.
La debacle en forma de resultados electorales comenzó en las autonómicas y municipales de 2011, pero antes ya perdieron Cataluña y GaliciaZapatero decidió que José Blanco dirigiera el día a día en el PSOE desde la secretaría de Organización y recompensó su labor en el último Congreso socialista, el de 2008, recuperando para él el cargo que había desaparecido con Alfonso Guerra cuando éste abandonó la cúpula socialista: el de vicesecretario general.
Un movimiento que facilitó que Leire Pajín ocupara el puesto dejado vacante por Blanco y que, a su vez, ella legó a Marcelino Iglesias cuando accedió al Gobierno como ministra de Sanidad. El secretario general abandona ahora. Y el vicesecretario (al que se le pretende implicar en la "Operación Campeón") también.
Anímicamente quedó tocado todo el partido en las elecciones autonómicas y municipales del pasado mes de mayo, cuando fueron cayendo bastiones como Extremadura y Castilla-La Mancha. Y Asturias, y Aragón, y Baleares, y Sevilla, y Barcelona...
Antes había sido el turno de la derrota en Cataluña y en Galicia, dejando atrás el tiempo en el que las victorias sonrieron a quien había ganado a la primera la Presidencia del Gobierno y, de su mano (y en esta ocasión con la colaboración del PP) un socialista se sentó por vez primera en Ajuria Enea y pudo asistir desde la primera fila a la renuncia de ETA a la violencia.
Las causas de la debacle
Si hay que buscar una causa por la que los tiempos electorales pasados fueron mejores, la respuesta en el PSOE es unánime: la crisis.
Aunque algunos precisan algo más: su gestión y la insuficiente explicación de las medidas adoptadas ante ella, especialmente las de aquel 12 de mayo de 2010 (recorte del sueldo a funcionarios y congelación de las pensiones) que marcaron un antes y un después en la vida política de Zapatero.
Los choques internos entre los dirigentes principales y los barones regionales fueron una constante; el mayor ejemplo fue el de Tomás Gómez en MadridFue ese día cuando muchos en el seno del PSOE empezaron a pensar que Zapatero era prescindible al frente del partido y cuando muchos votantes comenzaron a cavilar sobre la prescindibilidad de los socialistas al frente del Gobierno.
Las derrotas fueron carcomiendo también las relaciones entre Ferraz y los barones territoriales, con patentes enfrentamientos como el que protagonizó el líder madrileño, Tomás Gómez, a raíz de la apuesta del aparato para disputar en primarias la Presidencia de la Comunidad madrileña: Trinidad Jiménez. Gómez se llevó el gato al agua...y también una severa derrota ante Esperanza Aguirre.
Si algunos esperaban que el anuncio de Zapatero, cincuenta días antes de las municipales, de que no optaría a la reelección fuera un bálsamo para las malas expectativas, se equivocaron.
Pero todos tuvieron que situarse detrás de su candidato para las generales, un Alfredo Pérez Rubalcaba ungido por la cúpula después de que Carme Chacón diera un paso atrás.
Ahora lo ha dado al frente. Exvicepresidente y exministra quieren dirigir la nueva etapa del partido tras casi doce años de "zapaterismo". ¿"Chaconismo" o "Rubalcabismo"? 956 delegados tienen la palabra y el voto.


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