El complejo comercial Gran Vía lleva apenas una semana funcionando y, desde su inauguración, el pasado miércoles, no ha bajado el listón de visitantes. Unos 60.000 compradores diarios llenan las zonas comerciales y de restauración desde la mañana hasta bien entrada la noche. Muchos reconocen que van por mera curiosidad, aunque todos acaban comprando algo.
Sin embargo, la mayoría coincide en señalar que lo peor de esta nueva área comercial, masificaciones aparte, es la dificultad en los accesos y las salidas al mismo, así como las colas que se organizan en el propio estacionamiento. Para poder entrar en el centro desde praza de España es necesario cruzar la Gran Vía y meterse por pistas interiores o bien bajar hasta praza de América y dar la vuelta completa.
Difícil arreglo
Las conexiones al nuevo centro comercial desde la propia Gran Vía tienen difícil arreglo, salvo que uno opte por evitar ese vial y acceda a través del barrio de la Salgueira y Riobó hasta la Baixada o Castaño. Otra posibilidad es hacerlo desde el primer cinturón (avenida Arquitecto Palacios), en el que se incluye una salida específica hacia el área comercial. Una vez junto al centro, todos los vehículos coinciden en un vial regulado por semáforos y un equipo de la Policía Local que permanecerá trabajando en la zona hasta que la afluencia se normalice, aseguraron.


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