NICOLÁS LÓPEZ. Su trabajo tiene influencias de Kevin Smith, Santiago Segura, la factoría Marvel y la animación japonesa. «Junté todas las escenas de los DVD que más me gustan... ¡Y coló!», resume. Tiene 23 años. Ha rodado varios cortometrajes, ha hecho una serie experimental de programas piloto para la cadena de televisión MTV y distribuye el cine de Álex de la Iglesia en Chile.
Los protagonistas principales de su película son: dos freaks (frikis), un retrasado mental, un abuelo morfinómano y un profesor sadomasoquista... ¿Por qué?
Porque el mundo está muy mal y había que retratarlo de alguna forma (risas). Estaba aburrido de la visión endulzada que tienen las comedias yanquis tipo American Pie y quería rodar mi propia versión de los hechos.
Quentin Tarantino ha dicho que es la película más divertida del año.
Habría que saber de qué año (risas). Tener su bendición o la de Guillermo del Toro me resulta increíble. Siempre imaginé que mi ópera prima iba a ser rodada con una mini-DV y dos amigos borrachos.
Aburrido de la visión endulzada de las comedias yanquis, quería rodar mi propia película
¿De dónde surge Promedio Rojo?
Yo escribía una columna del mismo nombre, en la que se basa la película, en Mercurio, un periódico chileno ultraderechista. En principio iba a durar tres meses, pero la hice un montón de años. Gracias a ella me echaron del colegio y mis compañeros me querían matar.
¿Tenía experiencia en cine?
Ya había hecho cortos de títulos tan nobles como Pajero, sobre un tipo que se masturba y siempre lo interrumpen, o Florofilia, que es la historia de un tipo que comienza a tener relaciones sexuales con plantas después de que su novia lo deja.
¿Pero qué edad tiene usted?
Veintitrés años, pero, como ves, estoy destruido. Parece que tengo 75. Es lo que pasa cuando haces películas: te quedas calvo, te salen tetas...
Hábleme de Segura.
Fue muy emocionante. Crecí viendo sus películas y una productora ‘gallega’ me dijo que mi proyecto podría interesarle. Agarré un avión, vine a Madrid, comí con él, le gustó el guión y a los tres días estaba rodando en Chile con su dinero. Una cosa surrealista.
La película llega a España con retraso, ¿por qué?
Bueno, recorrió muchos festivales antes: Los Ángeles, Tokio… En Chile se estrenó en 2004. Y acá... Es difícil competir contra monstruos como El código Da Vinci. Aun así, creo que un friki prefiere una película con un superhéroe obeso que vomita cuando se declara que ver el comienzo del mundial.
¿Su próximo proyecto?
Santos, una comedia romántica de ciencia ficción, con Elsa Pataky y Guillermo Toledo. Es un homenaje a las películas ochenteras de efectos especiales. La empiezo a rodar en 28 días ¡Y soy un irresponsable por estar aquí dando entrevistas en lugar de estar planificándola!
SANTIAGO SEGURA. Una comida informal en Madrid le bastó para lanzarse a la producción al otro lado del Atlántico. La apuesta, el primer largo de un debutante apasionado por el ‘underground’. Nació en el barrio madrileño de Carabanchel. Tiene 40 años, es actor, guionista, director y productor. Ha convertido su productora, Amiguetes Entertainment, en punta de lanza de la comedia gamberra.
¿Qué le ha llevado a producir un film como éste?
Quizá que yo sea un poco anormal (risas). Cuando leí el guión me vi reflejado.
Cuente, cuente...
Cuando al gordito (el protagonista, un estereotipo de adolescente freak) le obligan a quitarse la camiseta para jugar al fútbol y ves que se quema porque todas las chicas le miran, me trae unos recuerdos... ¡En el colegio no me miraban ni las más feas!
O sea, que le ha resultado incluso terapéutica.
Yo creo que hay que reírse de las cosas que nos han hecho sufrir, de las cosas injustas. Y esta peli se ríe de esas cosas que nos provocaron cierta amargura en algún momento de nuestras vidas.
¿Cree que refleja la realidad?
Sí. De hecho, pienso que para un chaval de 16 años, que esté viviendo esa etapa en este momento, la película le va a resultar liberadora. ¡Va a flipar!
A un chaval de 16 años esta película le va a resultar liberadora ¡Va a flipar!
¿Cómo se lió a producirla?
El guión me llegó a través de Aldea Films, con quienes ya habíamos coproducido una película de zombies. Me dijeron: «¡Tienes que ver a un tío que hemos conocido y es impresionante!». Pensé: «¡No, por favor! ¡Más frikis no!» Les dije que sólo comería con él.
Y surgió el amor...
Es muy joven (tenía veintiún años cuando hizo la película), pero enseguida hubo afinidad. Los cómics, el tipo de pelis que le gustaban… Vi que era un tipo que podía narrar y el guión me encantó.
Y le dejó la pasta.
Y absoluta libertad para rodar. Le propuse cambiar un par de cosas y luego no me hizo ni puto caso (risas). Cuando confías en un tío tienes que dejarle un poco a su aire. Y él no ha sacado promedio rojo, ¡Nicolás ha sacado notable!
¿Amiguetes Entertainment va a ser la salvación del orgullo freak?
No, la verdad. Si hubiese sido una película sobre señoras de la limpieza divertida, también la habría producido.
¿Y lo de estrenar Promedio Rojo coincidiendo con al mundial es una apuesta?
¡Es una putada! Sinceramente, es muy difícil estrenar una pequeña película chilena. Y si no es un drama social o lleva mensaje, más, pero si logramos que llegue a alguien, estaremos satisfechos. Es lo que le digo a los lectores.
¿Suele leer 20 minutos?
¡Un gran periódico! Es el que leemos en el rodaje de Manolete. Estoy maravillado con Adrien Brody. Me parece un actorazo. Y Penélope Cruz igual. ¡Sólo con verlos actuar me lo paso en grande!


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