Francisco Javier Martínez negó las injurias, calumnias, acoso moral y coacciones de las que le acusa un sacerdote al que inhabilitó para ejercer sus funciones religiosas, destituyó cómo canónigo, retiró de su acceso a la cátedra de la Facultad de Teología y relevó de su puesto como archivero. El religioso se querelló contra él después de que Martínez le acusase en una carta, supuestamente, de quedarse con los derechos de propiedad intelectual de un libro de la catedral.
En su comparecencia de ayer, que duró más de cuatro horas, Martínez negó los hechos y afirmó: «nunca he tenido el móvil de dañar» al querellante, «sino sólo de gobernar la diócesis». Mientras, una veintena de fieles aguardaron fuera al arzobispo rezando el rosario.


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