El primer tiempo fue una losa para el equipo que dirige Miguel Ángel Florido. Con un parcial de 7-1 a los once minutos, el encuentro se puso cuesta arriba, con la pivote checa Simerska destrozando el eje de la defensa española y con el descanso como única buena noticia. «Nos vino muy bien para reorganizarnos, calmarnos un poco y ver cuáles estaban siendo nuestros errores», dijo el seleccionador nacional al término del encuentro.
Todo cambió en la segunda mitad. España se situó con un 3-3 en defensa, con mucha intensidad, que sirvió para recuperar balones, frenar las acciones ofensivas locales y reducir la diferencia en el marcador.


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