Los acusados se enfrentan a una petición de cuatro años de prisión y seis años de inhabilitación por la muerte de Déborah Catalán, una mujer de 36 años que falleció en la clínica Icema en enero de 2002 tras someterse a una liposucción.
El médico que la operó, Gerardo Senderowicz, afirmó durante el juicio que la paciente no murió en sus manos, sino que falleció cuando estaba siendo atendida por los servicios de emergencia.
Esta versión ha sido desmentida a lo largo del juicio por varios responsables médicos.
Además, la compañía aseguradora dijo ayer que el inculpado no tenía su seguro en regla. El juicio quedará hoy visto para sentencia.
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