Los nuevos líderes islamistas moderados surgidos de las elecciones de la 'Primavera Árabe' quieren ser demócrata-musulmanes como el primer ministro turco, Recep Tayip Erdogan, y evitan toda semejanza con los llamados "emires" radicales del salafismo.
Los nuevos dirigentes surgidos en los países en los que triunfó la revolución o las demandas populares, como Túnez, Marruecos, Egipto o Libia, buscan implantar una sociedad con valores islámicos, pero de corte político occidental.
Con la implantación de un islamismo moderado persiguen además no asustar a los inversores occidentales, en unos países con rentas per cápita que no superan los 7.000 dólares.
Estas incipientes democracias aún tienen fresco el recuerdo de los "mártires" de su 'Primavera' y de las manifestaciones que aún persisten en las plazas árabes en demanda de libertades individuales.
Además, son conscientes de que Occidente mira con lupa sus discursos, ante el temor de que se despojen de la dialéctica conciliadora y aparezcan como verdaderos "lobos del integrismo salafista" o perpetúen las viejas estructuras de poder.
El modelo Erdogan
Muchos de ellos se miran en Erdogan y en su Partido de la Justicia y el Desarrollo turco (PJD), un modelo islamista de corte moderado que triunfó en su país y es visto con buenos ojos fuera.
El dirigente turco, al frente del gobierno desde que ganó los comicios de 2002, es un hombre que viste a la occidental y dispone de cuentas en Facebook y Twitter.
Con cierta ambigüedad, proclama la libertad del uso del velo para las mujeres, si bien su mujer siempre aparece en público con él. Tolera la venta del bebidas alcohólicas, aunque sube los impuestos sobre ellas.
El malabarista Erdogan modificó el papel del Ejército como guardia pretoriana en Turquía, al hacer en septiembre pasado una reforma constitucional que permitió fortalecer el control civil sobre la institución castrense.
La situación política por países
En Túnez, el secretario general del Partido tunecino Al Nahda, Hamadi Yabali hacia saltar las alarmas cuando en un mitin pronunciado antes de ganar las elecciones de octubre dijo: "Hermanos míos, hoy vivís un momento histórico, un momento divino, una nueva etapa civilizadora en el sexto califato".
Algunos líderes occidentales interpretaron esas palabras como un guiño a los integristas. Sin embargo, Yabali, convertido ya en jefe del Ejecutivo tunecino, ha defendido que una de sus prioridades será la de "garantizar una seguridad mínima para que la economía y las inversiones puedan aumentar".
En Marruecos, el líder del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), del mismo nombre que la formación turca, Abdelila Benkirán, ganador de los comicios del 25 de noviembre, nada más prestar juramento como primer ministro ante el rey Mohamed VI resaltó que su misión era la de trabajar por "el interés general".
Benkirán, de 57 años, dijo que no piensa coartar las libertades "salvo los límites marcados por la ley" y que tiene otras prioridades para los próximos cinco años, como incrementar la renta per capita (2.830 dólares 2011), reducir la tasa del paro y aminorar la pobreza.
Egipto vive aún bajo la Junta Militar un periodo de transición con un complejo y largo proceso electoral que se inició el 28 de noviembre y concluirá en enero.
El Partido Libertad y Justicia (PLJ), brazo político de los Hermanos Musulmanes, ganador de la primera etapa, expresó su intención de trabajar con el resto de las formaciones políticas y el salafista Al Nur, que quedó en segundo lugar, mostró su creencia en la democracia como "alternancia de poder". Una alternancia que podrá ser efectiva cuando la Junta Militar ceda la parcela que ocupa desde la dimisión del presidente Hosni Mubarak el pasado 11 de febrero.
En Argelia los manifestantes de su 'Primavera', salieron a las calles para pedir la derogación del "estado de emergencia", que regía desde el 9 de febrero de 1992.
Esa situación se impuso tras anular la celebración de la segunda fase de las elecciones legislativas, cuya primera vuelta había ganado el integrista Frente Islámico de Salvación Nacional (FIS), al que los militares veían como una amenazaba para la democracia.
Aquella primera llegada del integrismo al poder por la vía de unas elecciones democráticas acabó generando un choque con la entidad castrense lo que devino en una década de guerra civil.
Y aquel "estado de emergencia" había quedado instaurado hasta que fue derogado el pasado 24 de febrero por la presión de esa 'Primavera' que no fue a más.


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