Nunca dejes para mañana...

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. (20minutos.es)
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Procrastinación: Todos tendemos a retrasar las tareas más molestas, pero cuando lo hacemos en todos los ámbitos de nuestra vida, este hábito se convierte en un problema.

"Antes, voy a mirar el correo" o "mañana me pongo". Si eres de los que repiten a menudo estas frases, que sepas que lo que haces se denomina procrastinar. El verbo alude a la actitud de retrasar tareas prioritarias que no nos gustan o no sabemos cómo hacer.

No se trata de un problema de gestión del tiempo. El procrastinador sabe perfectamente lo que debería estar haciendo, pero aun así lo posterga. ¿Por qué? Hay tres motivos principales:

Falta de motivación. Si la tarea nos parece aburrida, la retrasamos «para darle emoción»; o esperamos a estar "más inspirados".

Dificultad. La complejidad de la tarea nos supera.

Indecisión. No conseguimos decantarnos por ninguna solución de entre las posibles.

¿A quién afecta?

Todos procrastinamos en algún sentido, dejando para el último minuto el estudio de un examen, retrasando una reunión conflictiva o pagando a última hora un recibo.

La cosa pasa a ser un problema cuando nuestro trabajo y nuestra vida se convierten en una carrera constante para cumplir plazos. "Cuando la persona experimenta ansiedad –ante las tareas que debería estar haciendo– es un síntoma de procrastinación crónica", dice Juan Francisco Díaz, psicólogo y profesor de la UCM.

La procrastinación crónica afecta a tres de cada veinte personas. No existen datos definitivos en España, pero un estudio preliminar de la UCM advierte de que entre el 13 y el 15% lo sufre. Entre los jóvenes, la cifra se dispara. En Estados Unidos, el 70% de los universitarios padecen este mal, que conlleva problemas de salud, como estrés, catarros, gripes, problemas gástricos o insomnio.

Para ponerle solución, "habría que detectar el motivo en cada caso". Un buen comienzo sería hacer un registro del tiempo que empleamos en realizar cada tarea y de los sentimientos que nos genera el enfrentarnos a ella.

En busca del tiempo de calidad

No siempre hay que hacer caso al refrán. Hay tareas que requieren una ‘idea feliz’. Aun así, aunque no nos sintamos especialmente motivados, no está de más seguir la máxima de Picasso: "Que la inspiración me pille trabajando". En cambio, si la inspiración llega, conviene postergar actividades menos importantes a favor de la que nos ocupe. Para realizar tareas creativas con éxito necesitamos dedicarles tiempo de calidad; es decir, concentrados y sin interrupciones.

Las fases

Está controlado: Tenemos una tarea pendiente para la que nos han dado un plazo de 15 días, pero creemos que no nos llevará más de unas cuantas horas realizarla, aunque nunca la hayamos hecho antes o ni siquiera hayamos calculado el volumen de trabajo que implica. Así que nos relajamos y nos dedicamos a cualquier otra cosa.

¡No está controlado!: En un momento dado, cruzamos una barrera de tiempo imaginaria y nos damos cuenta de que no todo está bajo control. Tenemos que ponernos a trabajar de inmediato si queremos llegar a la fecha prevista.

Llegamos por los pelos: Cumplimos con el plazo in extremis o incluso con algo de retraso. Si encima el trabajo recibe elogios de quien lo recibe, nos reafirmamos en la idea de que sólo trabajamos bien bajo presión y, en vez de aprender de la experiencia, la próxima vez repetiremos.

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